En los últimos años, la moringa ha pasado de ser un árbol cultivado en comunidades rurales de Asia y África a convertirse en una de las estrellas del mundo wellness. Basta con un vistazo a las redes sociales para encontrarla en batidos verdes, cápsulas o infusiones, siempre acompañada de títulos llamativos como “el árbol milagro” o “el superalimento del futuro”. Pero más allá del marketing y las comparaciones con la espirulina, la cúrcuma o la quinoa, surge la gran pregunta: ¿qué tanto de lo que se dice sobre la moringa está respaldado por la ciencia y qué tanto pertenece al terreno del mito? Newsletter Sanar en Espiral Samanta Alva ofrece consejos prácticos y herramientas para tu bienestar, todos los jueves. Recíbelo ¿Qué es la moringa y por qué se le conoce como el árbol milagro? La moringa oleífera, originaria del norte de la India, es conocida en distintas culturas como “árbol milagroso” o “árbol de la vida”, un título que se debe a la versatilidad de sus usos y a su extraordinario valor nutricional. Según explicó Linda Flores, nutricionista de Sanitas Consultorios Médicos a Bienestar, su historia se remonta a más de 4,000 años en la medicina ayurvédica, donde ya se empleaba para prevenir y tratar diversas dolencias. Con el tiempo, su cultivo se expandió a Asia, África y América Latina, y hoy también está presente en el Perú, principalmente en la costa norte, central y en zonas de la selva baja, como refirió la doctora Mayra Anticona, docente investigadora de la carrera de nutrición y dietética de la Universidad San Ignacio de Loyola, lo que la convierte en un cultivo de importancia mundial. Lo que hace especial a esta planta es que prácticamente todas sus partes —hojas, semillas, flores y vainas inmaduras— pueden aprovecharse. Como destacó Flores, aportan proteínas, vitaminas A, C y E, minerales como calcio, hierro y potasio, además de compuestos antioxidantes y antiinflamatorios. “Es justamente esta densidad nutricional y la posibilidad de emplear cada parte de la planta que, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce a la moringa como un alimento clave para combatir la malnutrición en comunidades vulnerables”, subrayó la nutricionista Tania Alfaro. Sus hojas concentran proteínas y nutrientes que ayudan a mantener el cuerpo activo y con vitalidad. ¿Qué nutrientes hacen especial a la moringa? De acuerdo con la doctora Anticona, la moringa destaca porque cada una de sus partes posee un perfil nutricional de gran valor. Las hojas, consideradas como la principal parte comestible, son especialmente ricas en polifenoles, polisacáridos, proteínas, alcaloides, vitaminas (A, B1, B2, C y E) y minerales como calcio, magnesio, fósforo, potasio, sodio, zinc, hierro y selenio. “Su contenido proteico es notable: 27,1 g/100 g en hojas secas y 6,7 g/100 g en hojas frescas, lo que equivale al doble del aporte proteico de la leche. Además, contienen 17 aminoácidos (ocho esenciales y nueve no esenciales), carbohidratos en un rango de 8,61 % a 66,3 %, y son una fuente rica en fibra dietética”. Las vainas inmaduras concentran un 20,7 % de proteínas, un 46,8 % de fibra y un 30 % de aminoácidos, lo que las convierte en un complemento importante en la dieta. Por su parte, el aceite de semilla de moringa es rico en ácidos grasos monoinsaturados, con más del 70 % de ácido oleico y un 4,2 % de ácido linoleico, mostrando una estabilidad oxidativa similar a la del aceite de oliva. Las flores, en cambio, son ricas en aminoácidos, calcio y potasio, recomendadas especialmente como suplemento para mujeres en período de lactancia. Además, producen miel de alta calidad que incluso puede usarse para clarificar otros tipos de miel. Sobre las comparaciones más difundidas, Nadia Lingan, directora médica de SANNA Centros Clínicos, mencionó que las hojas de moringa no solo contienen más calcio que la leche, sino también cinco veces más vitamina C que la naranja. No obstante, la nutricionista Linda Flores matizó que estas comparaciones deben entenderse con cuidado: “En efecto, en hojas secas se han hallado concentraciones muy altas de calcio y vitamina C que pueden superar a la leche o a los cítricos en gramos equivalentes, pero la absorción real de estos nutrientes depende de su biodisponibilidad. En el caso del calcio, puede verse limitada por la presencia de oxalatos y fitatos; mientras que la vitamina C se reduce al someter las hojas a secado o calor. Por eso, más que un sustituto directo, la moringa debe considerarse un complemento valioso dentro de una dieta variada”. La moringa también sobresale frente a otros superalimentos. A diferencia de la espirulina, que es principalmente fuente de proteínas, o de la cúrcuma, reconocida por su curcumina de efecto antiinflamatorio, esta planta reúne en un solo alimento un perfil muy completo con proteínas, vitaminas, minerales y antioxidantes. A esto se suma su facilidad de cultivo, crecimiento rápido en suelos pobres y la posibilidad de aprovechar distintas partes de la planta, lo que la convierte en un recurso versátil y sostenible para la nutrición diaria y para programas de seguridad alimentaria, agregó la experta de Sanitas. Beneficios para la salud: lo que dice la ciencia La evidencia científica y las especialistas coinciden en que la moringa tiene múltiples propiedades. Entre las más destacadas: Propiedades antioxidantes y antiinflamatorias: Según Flores, gracias a compuestos como flavonoides, polifenoles e isotiocianatos, la moringa ayuda a proteger las células del daño oxidativo y a reducir procesos inflamatorios. A esto, Tania Alfaro añadió que estas propiedades antiinflamatorias también contribuyen en la prevención de enfermedades crónicas. Control de la glucosa y riesgo de diabetes: Estudios en animales y algunos ensayos clínicos sugieren que la moringa puede mejorar la sensibilidad a la insulina y contribuir al control de la glucosa. La doctora Anticona reforzó esta idea, indicando que tanto las hojas como el aceite de semillas muestran potencial en la reducción de los niveles de azúcar en sangre. Mejora del perfil lipídico y salud cardiovascular: Se han observado reducciones moderadas de colesterol y triglicéridos. Por su