La Academia Sueca otorgó el Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa el 7 de octubre de 2010 por “su cartografía de las estructuras del poder y su reflejo agudo de la resistencia del individuo”. A sus 74 años, esta consideración, tan particular como precisa, emocionó al escritor peruano nacido en Arequipa. Hoy, Vargas Llosa, que cumple 89, continúa siendo una figura relevante y un faro luminoso entre las letras hispanas. Sin embargo, algo que pocos conocen es su hinchaje por el deporte rey. MIRA: Domingo Dianderas, el club viral de Jorge Luna que juega en chacras y sin luz, pero arrasa en Youtube con sponsor de Alianza y la ‘U’ Mario, hincha de Universitario de Deportes, equipo al que definió como “no sólo un club de fútbol, sino más bien un mito, una leyenda” nació cuando el equipo sólo tenía 12 años de formado y todavía no había logrado escribir gran parte de las páginas históricas del deporte nacional. Ahora, en el siglo veintiuno, con una hinchada enormísima y uno de los estadios más grandes del continente como su casa, la ‘U’ sigue acogiendo a su fanático más ilustre poco antes de llegar a las nueve décadas de vida. La génesis de un amor crema En 1965, en Río de Janeiro, Mario Vargas Llosa fue al estadio. No a ver un partido cualquiera. El escritor peruano que pocos años antes había ganado el premio Biblioteca Breve por “La ciudad y los perros”, y que todavía no cumplía los treinta años, presenció un amistoso entre Brasil y Alemania en el que se encontraban algunos campeones del mundo de Suecia 1958 como Djalma Santos, Mané Garrincha y, por supuesto, Edson Arantes Do Nascimento, Pelé, de quien diría era “el más extraordinario jugador que he visto”. Cuarenta y cinco años en el futuro, ahora en el césped del Santiago Bernabéu, se presentó un Vargas Llosa septuagenario, con los cabellos plateados, el abrigo profundamente oscuro y un Nobel bajo el brazo. Acompañado de Íker Casillas y Joaquín, capitanes del Real Madrid y el Valencia respectivamente, el novelista dio el famoso play de honor en los prolegómenos del partido. En 2011, en febrero, tras un corto pero emotivo discurso en la cancha del Estadio Monumental, y luego de un cierre a grito de “¡Viva la U”!, el Nobel ondeó la bandera de Universitario de Deportes frente a la ovación de casi ochenta mil almas. *** José María Arguedas fue vecino victoriano y amigo de Héctor Teodulio Legario, arquero de Alianza Lima y cuatro veces campeón con el club íntimo. Aunque asociar al autor de “Los ríos profundos” con el mundo andino y la corriente indigenista es inevitablemente lógico, el investigador y crítico Ernesto Toledo Bruckmann afirma en su libro “Arguedas, el encuentro con Lima y su iniciación política: 1911- 1938” que “Arguedas tuvo una estancia cordial en la ciudad” y fue allí donde forjó no solo tantísimas amistades sino algunas aficiones como aquella predilección por Alianza Lima. A diferencia del hinchaje confeso y comprobado de Vargas Llosa por la U, lo de Arguedas siempre estuvo en una especie de limbo entre lo mitológico, lo ficcional y lo emocional. Sin embargo, entre las pruebas más contundentes se encuentra lo dicho por Víctor Bustamante Moscoso en el libro ‘Apuntes inéditos: Celia y Alicia en la vida de José María Arguedas’, de Carmen María Pinilla, en el que afirma lo siguiente: “(…) Discutíamos sobre fútbol. Él era hincha de Alianza Lima, siempre tirando a los desposeídos. Yo era hincha del Sport Boys del Callao. Me fastidiaba con el negro Barbadillo de mi equipo: según él, era un teatrero que, al primer roce con un rival, se tiraba al piso – lo cual era verdad-”. Con su nieto Leandro, en Cinco Esquinas en Barrios Altos (donde aparece un cadáver y viven dos protagonistas en la novela), paso por la inaccesible casa donde nació Felipe Pinglo (Le dedico mi silencio) y la Quinta Heeren (gracias, administrador, por el acceso). pic.twitter.com/CdL0D8zFVG — Álvaro Vargas Llosa (@AlvaroVargasLl) March 26, 2025 Además de la dinámica de lo impensando, en palabras de Panzieri, o un gran simulador de la vida, en las de Valdano, el fútbol es una constante en la biografía y obra de algunos (muchos) escritores y escritoras peruanos. Bryce tapó en el Nacional y Ribeyro no corría Alfredo Bryce Echenique era especial hasta para las pasiones. Y es que el autor de “Un mundo para Julius” le confesaría a su gran amigo Julio Ramón Ribeyro que era hincha del hoy irrastreable Ciclista Lima, no sin antes subrayar que alguna vez le había tocado pararse entre los tres palos en el Estadio Nacional: “…fui arquero de los juveniles de la U, en la época de Perón y Odría. Entré a la cancha dando botes a la pelota. Me la quitaron y la tiraron a la tribuna, a la zona del Alianza y no me la devolvieron. Pero recuerdo que entregué mi valla invicta frente al Independiente de Buenos Aires”. El ‘flaco’, por supuesto, no se quedó atrás pues comentó, siempre con esa mezcla entre humildad e irreverencia, que solía jugar cuando era alumno del colegio Champagnat, aunque no corría mucho debido a una afición precoz por los cigarrillos. Años más tarde, escribiría “Atiguibas”, un relato en donde los lectores encontramos al cañonero crema Lolo Fernández como protagonista. “Una obra de arte, un modelo de fuerza, técnica, coraje y oportunismo”, describiría Ribeyro al goleador merengue. Mucho tiempo después, cuando su biógrafo y amigo Jorge Coaguila le preguntó “¿De dónde viene el título del cuento (Atiguibas)?” Ribeyro le contestó que este jamás sería revelado, para que luego de un instante estallase en carcajadas mientras respondía de “Hasta las huevas, pues”, ya que era lo que coreaba la tribuna. Una de las poetas peruanas más famosas es sin duda Blanca Varela quien en su libro “Canto villano” incluyó el poema“Fútbol”. En él, además de la evidente sugerencia del título, habla de la infancia y trasciende la descripción de la simple actividad motora y