Boom inmobiliario en Lima | Perú | ¿Qué ocurre en el cuerpo cuando inhalamos polvo de construcción?

MIRA TAMBIÉN: Lipedema, la enfermedad que afecta al 15% de las mujeres y suele confundirse con obesidad Y es que en Lima y otras partes del Perú esta escena se repite más de lo que imaginamos. Nuestras ciudades no dejan de crecer: edificios nuevos, demoliciones, excavaciones y obras que avanzan a gran velocidad en muchos distritos. Sin embargo, este desarrollo trae consigo algo más que ruido o incomodidad: genera grandes cantidades de polvo de construcción que terminan dentro de las casas. Para la doctora María Saravia, directora de la carrera de Medicina Humana de la Universidad San Ignacio de Loyola, este problema suele estar subestimado. “Muchas veces se percibe únicamente como una molestia visual o un problema de limpieza; sin embargo, representa un riesgo importante para la salud. A diferencia de otras ciudades, la ausencia de lluvias en la capital peruana impide el “lavado” natural del aire, lo que ocasiona que las partículas suspendidas —como fragmentos de minerales, cemento o tierra— permanezcan más tiempo en el ambiente y puedan ser inhaladas”, explicó a la web de Somos. Sin duda, esto es una consecuencia directa de la falta de controles estrictos, barreras de contención o sistemas de humidificación en las obras, lo que facilita que el polvo se disperse fácilmente hacia las viviendas, los colegios y los comercios cercanos. El propio clima limeño también juega un papel importante—según Miguel Vidangos, médico especialista en medicina interna de Clínica SANNA San Borja— al tratarse de una ciudad desértica con niveles de humedad que pueden alcanzar entre el 90% y el 100%, el polvo no siempre se dispersa, sino que se asienta y se mezcla con la humedad, creando una capa persistente que atrapa contaminantes. Frente a este escenario, expertos como la doctora Mayumi Kamego, médico auditor de Sanitas advierten que el polvo de construcción puede considerarse como “un problema de salud pública silencioso”, ya que sus efectos suelen ser acumulativos y no siempre se perciben de inmediato. “La evidencia científica demuestra que la exposición prolongada a partículas respirables puede penetrar en las vías respiratorias y generar efectos adversos en la salud respiratoria y sistémica. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la contaminación por material particulado constituye uno de los principales riesgos ambientales para la salud, asociado a enfermedades respiratorias y cardiovasculares. En el Perú, el Ministerio de Salud y DIGESA también consideran al material particulado un contaminante prioritario en la vigilancia de la calidad del aire”, aseguró la experta. Cuando hablamos de polvo de construcción solemos pensar en esa nube gris que se levanta cuando cortan cemento o en la capa que se acumula sobre los muebles. Sin embargo, existe una diferencia importante entre el polvo visible y las partículas microscópicas que quedan suspendidas en el aire. La neumóloga Neha Solanki, de Cleveland Clinic señaló que el polvo que vemos suele corresponder a partículas de mayor tamaño que tienden a depositarse rápidamente en superficies. Estas pueden causar molestias inmediatas en los ojos, la nariz o la garganta, pero no siempre son las más peligrosas, ya que el verdadero riesgo proviene de las partículas más pequeñas. Detrás de la nube gris que levantan las obras hay partículas microscópicas invisibles. Algunas pueden penetrar profundamente en los pulmones e incluso llegar al torrente sanguíneo. Foto: EFE/Adam David “Cuando el polvo se fragmenta en partículas microscópicas —especialmente aquellas de menos de 10 micrómetros— puede atravesar los mecanismos de defensa naturales del cuerpo. Estas partículas logran pasar por las vibrisas de la nariz y por la garganta sin ser filtradas, llegando a zonas más profundas del sistema respiratorio. En los casos más finos, como el material particulado PM2.5, pueden incluso alcanzar los alveolos pulmonares e ingresar al torrente sanguíneo. En otras palabras, lo más peligroso suele ser precisamente lo que no vemos”. A ello se suma la composición química de dichas partículas, pues el polvo generado en las obras de construcción puede contener una mezcla de minerales y metales, como aluminio, plomo y asbesto. No obstante, como precisó la doctora Kamego, el componente más preocupante desde el punto de vista sanitario es la sílice cristalina, presente en materiales como concreto, arena y piedra. Su inhalación prolongada se asocia con enfermedades graves como silicosis, cáncer de pulmón y otras enfermedades respiratorias crónicas. “Estudios recientes han encontrado que el polvo generado durante el corte de concreto puede contener más del 30 % de sílice en peso, lo que representa un riesgo importante para la salud de las personas expuestas”. Cuando la exposición es ocasional, el cuerpo activa sus mecanismos de defensa. Como mencionó el doctor Gino Felandro, médico internista de la Clínica Ricardo Palma, las vibrisas de la nariz ayudan a atrapar las partículas más grandes y el organismo produce más moco en la nariz y la garganta para capturarlas. A esto se suman reflejos como la tos o el estornudo, que funcionan como mecanismos de expulsión para eliminar estas partículas antes de que lleguen a zonas más profundas del sistema respiratorio. Sin embargo, el problema aparece cuando la exposición se vuelve diaria y prolongada, ya que estos sistemas de defensa comienzan a saturarse y las partículas más pequeñas penetran con mayor facilidad en las vías respiratorias y alcanzan los pulmones. En estas primeras etapas, los síntomas suelen ser leves, pero persistentes. Según José Luis Cabrera, neumólogo de Clínica Internacional, algunas señales que pueden alertar sobre la exposición al polvo incluyen: Estornudos frecuentes. Lagrimeo. Picazón en los ojos. Picazón en la nariz o en la garganta. Congestión nasal, especialmente por las mañanas. Expectoración frecuente. “En personas con enfermedades respiratorias previas, como asma, también pueden presentarse silbidos al respirar, sensación de opresión en el pecho o dificultad para respirar. Si estos síntomas aumentan respecto a lo habitual, lo recomendable es acudir a un médico”. Con el tiempo, estas partículas pueden acumularse en el tejido pulmonar y desencadenar procesos de inflamación crónicos, contribuyendo así al desarrollo o agravamiento de distintas enfermedades respiratorias, como bronquitis crónica, asma, fibrosis pulmonar, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), silicosis, cáncer de

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