Ácido hialurónico sin excesos: cómo usarlo bien y qué hacer cuando el resultado ya no se ve natural

MIRA TAMBIÉN:¿Fortalecedor milagroso o daño silencioso? La verdad detrás del rubber, el gel de uñas más popular Sin embargo, también existen otras celebridades —y pacientes— que se ven frescos, descansados y armónicos, sin que nadie pueda señalar exactamente qué se hicieron, siendo rostros que simplemente envejecen mejor, no distinto. Incluso algunas figuras públicas, como Katy Perry, han hablado abiertamente de intervenciones puntuales. Por ejemplo, la cantante estadounidense contó en una entrevista con Refinery29 que recurrió a pequeñas inyecciones de relleno en la zona de las ojeras para verse menos cansada, sin buscar cambiar sus rasgos ni verse diferente. Es por eso que, en un contexto donde los rellenos están más disponibles que nunca y la tendencia del “menos es más” convive con el exceso, entender cuándo el ácido hialurónico rejuvenece y cuándo empieza a jugar en contra se vuelve clave. El ácido hialurónico es, en esencia, una sustancia que ya existe de forma natural en nuestro organismo. Tal como explicó Vladimir Medina, docente de la carrera de medicina humana de la Universidad Científica del Sur a la web de Somos, se trata de un polisacárido presente en la piel que tiene la capacidad de retener agua y que cumple funciones estructurales, hidratantes y biomecánicas, las cuales le ayudan a mantener su hidratación, elasticidad y firmeza. Por otro lado, cuando se utiliza con fines estéticos, el ácido hialurónico se presenta como rellenos en forma de gel reticulado, diseñado para actuar como un implante temporal. En este caso, su función principal es restaurar volúmenes perdidos, mejorar la hidratación profunda y aportar soporte a los tejidos de aquellas zonas que han pedido estructura. El problema no es el ácido hialurónico, sino el exceso. La acumulación de relleno puede alterar las proporciones faciales, generar volúmenes artificiales y borrar rasgos que definen la expresión natural. “Cuando se aplica correctamente, el rostro se ve más armonioso, con volúmenes equilibrados, contornos suaves y una piel más luminosa. Se atenúan arrugas y se redefine la estructura de ciertas zonas como pómulos o labios, sin exageraciones. Decir que un resultado “refresca y no transforma” significa que la persona sigue viéndose como ella misma, pero con un aspecto más descansado y natural. No se trata de cambiar facciones, sino de recuperar vitalidad, suavizar sutilmente signos de cansancio y resaltar la mejor versión de uno mismo, sin que se note que hay algo “hecho”, aseguró la doctora Lorena Castillo, cirujana plástica de la Clínica Angloamericana. Sin embargo, también es importante entender sus límites, ya que el ácido hialurónico no es permanente ni detiene el envejecimiento. De acuerdo con la experta, su duración suele oscilar entre seis meses y dos años y depende de factores como la marca utilizada (ya que existen distintas densidades y grados de reticulaciones), la zona tratada —especialmente las más móviles que lo reabsorben antes—y el metabolismo de cada paciente. Otro punto clave a considerar es que, si bien es un material biocompatible y, en la práctica clínica, se considera temporal, dado que se degrada y se absorbe de manera natural con el tiempo, algunos estudios sugieren que pueden quedar microtrazas residuales en ciertos tejidos. Por eso, Óscar Cruz, cirujano dermatológico de la Clínica Internacional advirtió que ante estos posibles remanentes, lo más recomendable es no retocar de manera automática, sino evaluar si el rostro realmente necesita más soporte. Para Fiorella Inga, médico cirujana y CEO de Inluxury, Centro Médico de Bienestar Integral, el punto de partida siempre debe ser un diagnóstico integral. Analizar la estructura ósea, los compartimentos grasos, la calidad de la piel, la dinámica muscular y las proporciones faciales permite comprender qué necesita realmente cada rostro. A esto se suma la revisión de antecedentes de rellenos previos y de las expectativas del paciente. “Sin este diagnóstico anatómico preciso, no es posible garantizar ni naturalidad ni seguridad en el tratamiento”. Desde esta base diagnóstica se define el plan terapéutico. En este sentido el doctor Medina enfatizó que la cantidad de ácido hialurónico no responde a un número estándar de jeringas o mililitros. “En medicina estética no tratamos zonas, tratamos personas. La edad, el grado de envejecimiento, la anatomía facial y el objetivo del tratamiento determinan cuánto producto utilizar y cómo distribuirlo. Por ello, un enfoque preventivo o de frescura requiere cantidades pequeñas y estratégicas, mientras que una reposición estructural o una proyección ósea, por ejemplo, de mentón, pómulo o corrección de pérdidas importantes de volumen, puede demandar más cantidad, idealmente planificadas en etapas. Pensar en “dosis universales” es un error conceptual que va en contra de la medicina personalizada”. La naturalidad no depende de cuántos mililitros se aplican, sino del criterio médico. Un buen diagnóstico, una indicación correcta y saber cuándo no tratar son claves para un resultado exitoso. En definitiva, la zona correcta también es clave para que el resultado sea armónico. Shilpi Khetarpal, dermatóloga de Cleveland Clinic, señaló que el ácido hialurónico puede aportar naturalidad en áreas como labios, mejillas, mandíbula, mentón, pliegues nasolabiales o la zona infraorbitaria, siempre que exista una indicación médica real. Sin embargo, no todas las alteraciones estéticas se benefician del relleno: ciertas ojeras causadas por grasa prominente o pigmentación no mejoran con ácido hialurónico. De igual manera, el inicio de un resultado exitoso implica saber decir que no. Según Orión Pizango, médico dermatólogo, existen situaciones en las que el tratamiento no debería realizarse, incluso si el paciente lo solicita: Pacientes con expectativas irreales. Personas que buscan rasgos que no corresponden a su estructura facial. Contraindicaciones médicas, como ciertas enfermedades autoinmunes activas o infecciones locales. Ausencia de indicación anatómica real. Pacientes con signos de dismorfia corporal. “En estos casos, decir “no” también es parte de la ética médica que permite proteger tanto al paciente como al resultado final”, recalcó el médico. En la medicina estética contemporánea, aunque el ácido hialurónico se ha consolidado como una herramienta clave para restaurar volumen y frescura facial, su uso indiscriminado ha dado lugar a un fenómeno cada vez más discutido: el overfilling. De acuerdo con la doctora Castillo, esto ocurre cuando se aplica

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