Las nuevas funciones de inteligencia artificial de Gmail lo convierten en un asistente personal

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7 de enero de 2026

“ChatGPT es el mejor amigo de mi hijo”: qué ganan y qué pierden los niños al crecer con la IA como nueva compañera: qué ganan y qué pierden los niños al crecer con la IA como nueva compañera | SOMOS

Hace unas décadas, los amigos imaginarios eran un elemento casi omnipresente en la infancia. Hoy, ese escenario ha cambiado: muchos niños y adolescentes ya no solo conversan con personajes creados en su mente, sino también con inteligencias artificiales como ChatGPT. Este fenómeno, sin duda, abre un dilema que interpela a familias y educadores: ¿hasta dónde puede acompañar la IA sin reemplazar las amistades reales? MIRA: Kéfir, la bebida viral del momento: ¿es tan buena como dicen? La fascinación no es casual. Como explicó Aída Arakaki, psicóloga de Clínica Internacional a la web de “Somos”, los niños y adolescentes atraviesan una etapa en la que la curiosidad es enorme: quieren explorar, probar cosas nuevas y, en ese contexto, la IA les resulta especialmente atractiva porque se sienten escuchados, reciben respuestas rápidas, sin juicios y con la sensación de tener siempre a alguien disponible. En la misma línea, la psicóloga Carmen Bravo de Rueda, de la Clínica Ricardo Palma, señaló que los niños actuales son “cibernéticos”: desde pequeños buscan juguetes inteligentes o robots que interactúen con ellos, por lo que no les resulta extraño ver a ChatGPT como un “amigo” con quien conversar, resolver dudas o incluso hacer tareas. Por eso, no sorprende que UNICEF reporte que el 71% de adolescentes entre 15 y 24 años ya utiliza las tecnologías digitales para aprender o interactuar, integrándolas de manera natural en su desarrollo. Según el psicólogo Héctor Lazo, esto se intensifica especialmente en la adolescencia, ya que es una etapa marcada por emociones intensas y relaciones complejas. En ese camino de independencia y búsqueda de espacios privados, la IA termina convirtiéndose en una especie de “confidente digital” que refuerza la sensación de control y autonomía, como subrayó Madeli Santos, psicóloga clínica especialista en neuropsicología educativa con mentoría en crianza consciente. “Al interactuar con la IA, los niños y adolescentes buscan cubrir necesidades emocionales y sociales como la escucha activa, la compañía, la aceptación y la orientación. Para algunos, ChatGPT representa un espacio seguro donde no sienten miedo a equivocarse o a ser rechazados, lo que revela una necesidad profunda de conexión, validación y seguridad emocional”, sostuvo Liseth Paulett, decana de la carrera de psicología de la Universidad Científica del Sur. La psicóloga Ruth Kristal, de SANNA Clínica San Borja agregó que muchos niños recurren a estas herramientas porque hay temas que no se atreven a conversar con sus padres o amigos. Sin embargo, advirtió que la empatía humana no puede ser reemplazada: “si la IA se convierte en el principal refugio, aparece el riesgo de desconexión con el mundo real”, coincidió Lazo. Para los niños, una inteligencia artificial puede sentirse como algo más que una herramienta. Según Santos, a diferencia de un videojuego —que sigue reglas fijas— o de una red social —donde pesa la presión de otros usuarios—, la IA conversa “a la medida” de cada persona, adaptándose al estilo del usuario y ofreciendo atención constante que imita uno de los rasgos más valiosos de la amistad: la escucha activa. “Plataformas como ChatGPT están diseñadas para recordar preferencias, sostener diálogos coherentes y ofrecer un tono empático, lo que genera una “intimidad artificial”, donde el usuario percibe reciprocidad y cercanía, aunque en realidad la IA no tenga emociones”, aseguró el psicólogo. Para Liseth Paulett, si la IA responde de manera consistente, con humor o expresiones como “¡Me encanta ayudarte!”, los pequeños pueden interpretarla como “simpática” o “inteligente”. “Estudios de la Universidad de Stanford (2020) muestran que los niños de entre 6 y 10 años tienden a atribuir rasgos humanos a la IA en función de su estilo comunicativo. Incluso investigaciones publicadas en Computers in Human Behavior (2021) señalan que, al usar frases emocionales o emojis, los niños de 7 a 9 años proyectan en la IA sentimientos que perciben como reales”. Aunque para muchos este vínculo podría ser comparable al de un amigo imaginario, la neuropsicóloga educativa recalcó que, si bien ambos responden a la necesidad infantil de compañía y creatividad, la IA es una herramienta externa, programada para dar información, entretenimiento o educación. El uso de inteligencias artificiales como ChatGPT puede ser un poderoso motor para despertar la curiosidad y potenciar la creatividad, siempre que se emplee de manera intencional. Como indicó la experta de la Universidad Científica del Sur, esta herramienta ofrece un abanico de posibilidades para explorar ideas, recopilar información de calidad y construir una base sólida que permita desarrollar proyectos. La IA estimula curiosidad, creatividad y habilidades comunicativas. Pero si se convierte en el “amigo principal”, puede generar aislamiento, dependencia y dificultades para relacionarse en la vida real. En el terreno creativo, Madeli Santos resaltó que la IA no sustituye la imaginación de los niños, sino que la impulsa. “Cuando un menor pide ayuda para inventar una historia, no solo recibe ideas, sino que aprende a estructurar un relato, imaginar escenarios y personajes, e incluso plantear finales alternativos. Este proceso no solo estimula la creatividad, también fortalece habilidades cognitivas como la organización del pensamiento y la resolución de problemas”. Además, Héctor Lazo destacó que un “amigo virtual” puede servir como espacio seguro para practicar habilidades comunicativas: ensayar discursos o preparar disculpas. El verdadero valor, sin embargo; se logra cuando esas prácticas se trasladan a la vida real. El mayor peligro, según Arakaki, es el aislamiento: cuando un niño prefiere conversar solo con la IA y descuida amigos, juegos en grupo o momentos en familia, por lo que empieza a perder habilidades sociales básicas. De hecho, la American Psychological Association advierte que el exceso de interacciones virtuales aumenta la soledad y la ansiedad en adolescentes. A este riesgo se suma lo señalado por la psicóloga Ruth Kristal: la “virtud” de la inmediatez de la IA puede volverse un arma de doble filo. “Al obtener siempre una respuesta rápida y acorde con lo que quieren escuchar, los niños desarrollan menor tolerancia a la espera y a la frustración. Esto no solo puede generar dependencia, sino también una peligrosa idealización: creer que todas las personas deberían reaccionar como un bot, lo

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Ashwagandha, el milenario secreto de la India que promete desde ayudarte a dormir mejor hasta reducir la ansiedad | SOMOS

Hace poco, conversando con un familiar sobre el estrés, el cansancio y los problemas de sueño tan comunes hoy en día, me contó que había empezado a tomar ashwagandha para “combatirlos”. Lo primero que pensé fue: ¿y eso qué es? Nunca antes había escuchado ese nombre tan peculiar, pero al enterarme de que se trataba de un suplemento en tendencia, la curiosidad me ganó. MIRA: Borde, el renovado espacio en Miraflores donde las pizzas son protagonistas Lo cierto es que, en los últimos años, las redes sociales, los blogs de bienestar y hasta las conversaciones cotidianas han puesto bajo los reflectores a un puñado de plantas y suplementos que antes eran prácticamente desconocidos en este lado del hemisferio. Entre ellos, la ashwagandha se ha convertido en una de las estrellas del momento, ya que promete desde “dormir mejor” hasta “reducir la ansiedad” o “tener más energía”. Pero detrás de la popularidad viral hay una historia mucho más profunda. Como explicó la nutricionista Giulianna Saldarriaga, de Clínica Internacional a la web de “Somos”, la ashwagandha, cuyo nombre científico es Withania somnifera, es un arbusto perenne utilizado desde hace más de 3,000 años en la medicina ayurvédica en la India. Durante siglos fue empleada como un tónico natural para equilibrar la energía y fortalecer el cuerpo frente al estrés, por lo que se clasifica como un adaptógeno. Hoy, ese conocimiento ancestral empieza a dialogar con la ciencia moderna, que ha comenzado a estudiar sus compuestos activos, llamados withanólidos, con el fin de comprender cómo actúan en el organismo. A la ashwagandha se le atribuyen múltiples propiedades, aunque la investigación científica solo ha confirmado con cierta solidez algunos efectos. De acuerdo con la doctora Yufang Lin, especialista en medicina integrativa de Cleveland Clinic, los beneficios mejor respaldados —aunque todavía con estudios pequeños y heterogéneos — se concentran en la reducción del estrés y la mejora del sueño. “Varios metaanálisis muestran que la ashwagandha disminuye el estrés percibido, la ansiedad y los niveles de cortisol frente al placebo. Mientras que, en el caso del sueño, los estudios reportan mejoras modestas pero significativas en la calidad y conciliación del descanso, especialmente con dosis de 600 mg diarios durante ocho semanas en personas con insomnio”, agregó Kiomi Yabiku, nutricionista y docente de la carrera de nutrición y dietética de la Universidad San Ignacio de Loyola. Los estudios sugieren que la ashwagandha puede reducir el estrés, mejorar la calidad del sueño y aportar energía, aunque sus efectos varían según la persona. Asimismo, Linda Flores, nutricionista de Sanitas Consultorios Médicos, señaló que hay investigaciones científicas que apuntan a beneficios en la energía y el rendimiento físico, ya que se han observado incrementos modestos en fuerza muscular y resistencia en deportistas. De igual manera, en cuanto a las funciones cognitivas como la memoria y la concentración, la evidencia preliminar indica beneficios asociados a su acción antioxidante y neuroprotectora. En el ámbito metabólico, algunos estudios han informado cambios modestos en peso, glucosa, hemoglobina glicosilada (HbA1c) y composición corporal (más masa magra y menos grasa). Sin embargo, como recalcó Yabiku aún se requieren más investigaciones y un seguimiento prolongado, ya que la mayoría de ensayos se han realizado en adultos, por lo que aún faltan datos en niños, adolescentes y adultos mayores. “A pesar de su popularidad, no hay pruebas firmes de que la ashwagandha tenga efectos consistentes en inmunidad, dolor, envejecimiento, metabolismo o control de peso. Incluso en el sueño, las intervenciones validadas como la higiene del sueño o la terapia conductual deben ser la primera línea, quedando la ashwagandha solo como complemento y bajo supervisión clínica”, advirtió la experta en medicina integrativa. Más allá de sus efectos ansiolíticos, Flores destacó que la ashwagandha ha mostrado en estudios clínicos y preclínicos posibles mecanismos de acción que incluyen la modulación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, lo que contribuye a una mejor regulación de la respuesta al estrés. “En las personas que consumen ashwagandha se ha observado también que los mecanismos de acción actúan sobre el sistema nervioso al regular neurotransmisores como el GABA y la serotonina, reduciendo el estrés y mejorando la calma”, indicó Saldarriaga. Asimismo, a nivel del sistema nervioso central, se han observado efectos neuroprotectores y favorecedores de la plasticidad sináptica, lo que podría explicar mejoras en la memoria y concentración. En el campo endocrino, algunos trabajos sugieren que puede influir en la función tiroidea y en ciertos parámetros de fertilidad, mientras que en el sistema inmunológico se le atribuye un posible efecto modulador que estimularía la actividad de células NK y potenciaría la respuesta antioxidante. Sin embargo, la nutricionista de Clínica Internacional recalcó que muchos de estos hallazgos son preliminares y aún requieren estudios más amplios para confirmar su relevancia clínica. Según Yufang Lin, quienes podrían beneficiarse son adultos que atraviesan por períodos de estrés, sueño no reparador o que buscan un apoyo natural dentro de un plan integral de salud, siempre bajo orientación profesional. En la misma línea, Linda Flores aseguró que puede resultar especialmente útil en personas que enfrentan fatiga por alta demanda física o mental, así como en adultos que realizan entrenamiento de fuerza y buscan mejorar su recuperación y rendimiento. La ashwagandha no es para todos: podría beneficiar a adultos con estrés o insomnio leve, pero no se recomienda en embarazadas, personas con problemas tiroideos o bajo ciertos tratamientos médicos. Sin embargo, no todas las personas pueden consumirla con seguridad. La especialista de Cleveland Clinic advirtió que está contraindicada en casos de embarazo, lactancia, enfermedades tiroideas (hipo o hipertiroidismo), patologías autoinmunes, cáncer de próstata, enfermedades hepáticas o renales, y en quienes estén próximos a una cirugía. También deben evitarla quienes toman fármacos para los trastornos del sueño o convulsiones. “La ashwagandha puede interactuar con varios medicamentos de uso común. Con antidepresivos y ansiolíticos podría intensificar la somnolencia; con tratamientos para la tiroides, especialmente en hipertiroidismo, existe el riesgo de desbalance hormonal; y en pacientes que usan antihipertensivos o fármacos hipoglucemiantes, puede aumentar el riesgo de hipotensión o hipoglucemia. Además, en quienes reciben inmunosupresores, sus propiedades

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