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6 de enero de 2026

“Quizá elegimos el espacio del fútbol para ser otra persona más feliz”: Miguel Villegas, autor de “Pienso en Tri” | LUCES

Debe haber tenido cuatro años, quizás menos. Su padre lo llevó a ver a la selección peruana; qué efecto habrán tenido en él los gritos que no se apagan, el rojo y blanco de las tribunas. Hoy Miguel Villegas (Lima, 1979) vive del fútbol como periodista; es el editor de DT en este Diario. También ha escrito libros, siendo el último “Pienso en Tri” (Planeta, 2025), la historia detrás del segundo tricampeonato de Universitario de Deportes, su equipo. Un texto donde se rebela contra el reporterismo y sus espacios limitados; generoso con las figuras literarias, el autor gambetea con la palabra. El libro traza la narrativa de que los últimos tres años Universitario vivió una refundación ejecutada por las cabezas; el resultado fueron los tres campeonatos consecutivos del club, en 2023, 2024 y 2025. Es un libro para reconfortar al hincha, pero también un ejercicio de memoria que tiene presente los años de las derrotas, de la violencia en las tribunas y de la millonaria deuda del club. Newsletter exclusivo para suscriptores Jasson Curi Chang te cuenta todas las novedades de Universitario de Deportes, todos los lunes. Recíbelo “La historia de la U dice que es un club ganador, que es el más ganador del país, que nunca da nada por perdido, que entiende el sacrificio como una bandera”, dice Villegas con un tono que parece de sentencia. “[Está el] apetito por ganar, ser competitivo, ser el primero a costa de muchas cosas que en condiciones normales uno no sería capaz de hacer. Mucho sacrificio, mucha entrega, de no dar nada por perdido, de nunca sentirse derrotado. Yo me siento identificado con eso”. Villegas conoce el efecto que tiene el fútbol en la gente. Que al llegar el estadio el hombre cuelga su uniforme de ciudadano para convertirse en otra persona, un poco más sentimental, más irracional incluso. “Quizá elegimos el espacio del fútbol para ser otra persona más feliz, emotiva, transgresora. Yo lo recuerdo a mi viejo, y me recuerdo a mí mismo, en el estadio, muy desaforado, distinto a lo que soy en condiciones normales. Es el único lugar en el que soy así de cavernícola”. ¿Qué tan buen lector es el hincha deportivo? Villegas cree que es tan lector como cualquier otro, pero que la clasificación del Perú al Mundial de Rusia 2018 encendió una “chispa” que abrió el camino a diversos autores, periodistas deportivos en su mayoría, para contar las historias del balón y quienes lo patean. Y así como la palabra precisa en el contexto correcto puede convertirse en arte, está convencido que el fútbol también lo es. “Es un arte porque emociona. A ti te puede gustar un Picasso y a mí un Dalí, en el fútbol también hay quienes elevan el arte a condiciones o habilidades del futbolista muy estéticas”. Chalaca, guacha, una pared de zigzagueo que termina en tanto y en estadios que rugen. “A mí me emociona una carretilla de Puma Carranza, una salvada al último minuto o que un jugador voltee a la tribuna y se le caiga de una lágrima porque está perdiendo 3 a 0 y la gente lo alienta”. “Pienso en Tri” puede leerse como la crónica de un equipo de pasiones, pero escrito desde tal cercanía que el autor tiene que insertar su propia historia en estas páginas. Está el episodio de su padre, don Ángel, un hombre de pocas palabras al que llevó el año pasado al estadio de River Plate en Buenos Aires para ver jugar a la U; cuatro décadas después de esa primera visita al estadio, los roles se han invertido. “Cuando los papás están más grandes, además de tus papás se completen en tus hijos”, reflexiona Villegas. “De alguna manera, se cierra el círculo”. Source link

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Ficciones a la orilla del mar: recomendaciones de libros para el verano de José Carlos Yrigoyen | Qué leer | ELDOMINICAL

Jamaica Kincaid, la combativa escritora de Antigua y Barbuda, escribió que cualquier playa soleada es un amigo personal. Muy cierto, sobre todo para los lectores. En un escenario así es posible hallar las condiciones necesarias para embarcarse en un complejo vuelo literario o en la ligereza bien ganada tras un año de trabajo duro. Lo importante es que la realidad, pedestre e inoportuna, no tenga injerencia. MIRA: El manuscrito de una amistad A punto de introducirnos en el punto más caliente del verano, es menester ir bien preparados a esa cita donde el tiempo y el paisaje juegan a nuestro favor. Como contribución, proponemos la siguiente lista de doce libros que creemos a la altura de tal causa. 1. “Soldados de Salamina”, de Javier Cercas No es solo un conciso y diestramente ensamblado híbrido entre investigación periodística y ficción autorrefencial. Esta novela cumple con el desafío de ser una lúcida meditación sobre las heridas de la guerra civil española y al mismo tiempo una novela ágil, no exenta de humor y de pasajes conmovedores, así como territorio de un puñado de personajes entrañables y universales. Es un deber enfrentarla. Javier Cercas. (Foto: Paul Vallejos/ GEC) 2. “Las chicas”, de Emma Cline Si Emma Cline es nuestra pastora, nada nos faltará. Se tiene a esta treintañera como una de las narradoras norteamericanas más notables entre las que han aparecido en el siglo que corre. Maestra del detalle y de la psicología de los otros. “Las chicas” es su primer libro y toma el espantoso caso de la familia Manson para trazar una trama brillante donde las relaciones entre mujeres jóvenes son auscultadas con una perspicacia que nos atrapa de principio a fin. Soleada California y sectas: combinación infalible. Su última novela, “La invitada” es igual de deslumbrante y afilada. 3. “La muerte del padre”, de Karl Ove Knausgaard Un hombre noruego, sin una vida especialmente llamativa, se entera del fallecimiento de su padre alcohólico, tipo rudo y autoritario, de raigambre kafkiana. Ese es el punto de partida para una autoficción de quinientas páginas donde el hiperrealismo es puesto a prueba desde la impresionante y prismática reconstrucción de una cotidianidad remota que Knausgaard procura rescatar para comprender las razones de su discordia y miedo por un progenitor que elige el orgullo autodestructivo a la redención. 4. “Indigno de ser humano”, de Osamu Dazai Una historia sobre el desamor, las adicciones, la soledad urbana y la incapacidad de salvación escrita en clave de anime adulto. Después de todo, Dazai es uno de los ídolos de la juventud japonesa, morfinómano contumaz, genio precoz, suicida trágico que se arrojó a las violentas aguas del río Tama impulsado por su convicción de ser un sujeto impuro. Esa certeza le dio armas para redondear esta parábola donde la exaltación de vivir en los márgenes nunca fue tan bien plasmada. 5. “¿Por qué hacen tanto ruido?“, de Carmen Ollé Reeditado luego de más de tres décadas, el primer artefacto narrativo de Ollé no fue bien entendido por la crítica al uso al momento de su aparición. El tiempo le ha dado la razón a esta novela-diario-testimonio que se enfoca en las encrucijadas de ser escritora en el tercer mundo durante los años ochenta, además de las trampas y desengaños que esa condición conlleva. Un libro transparente e inquietante como una copa de cristal entre la hierba. Carmen Ollé. (Foto: Alessandro Currarino/ GEC) 6. “Tan simple, tan puro”, de Alessandra Pinasco Un ramillete de cuentos eróticos que puede leerse, en secuencia, como novelita de aprendizaje protagonizada por una joven limeña desinhibida, lo suficiente como para que su andadura nos sea provechosa y podamos digerir estas cien páginas sin contratiempos. 7. “Travesuras de la niña mala”, de Mario Vargas Llosa Quizá la ficción más asequible de nuestro nobel. Vargas Llosa no le hace demasiados problemas al lector, a diferencia de los muchos que le ocasiona a Ricardo Somocurcio, atribulado protagonista, quien es puesto continuamente a prueba en pos de un amor tan ingrato como ineludible. Una lección de cómo ser ligero sin caer jamás en la superficialidad. 8. “El año del viento”, de Karina Pacheco No sé si es la novela más importante sobre la violencia política en el Perú, pero sí es la más ágil y envolvente, la más empática con sus personajes y situaciones. A través de un argumento de corte detectivesco, Pacheco se inmiscuye en el laberinto de las heridas de la memoria y de los destinos truncos por la insania y el fratricidio con una solvencia admirable. Karina Pacheco. (Foto: GEC) / ADRIANAPERALTA 9. “Omeros”, de Dereck Walcott Poderoso canto extenso que basta para darle al poeta de Santa Lucía un lugar preeminente en la lírica contemporánea. Engalanado de imágenes marinas y portuarias, “Omeros” logra algo extraordinario: crear una épica poscolonial que honra la tradición occidental mientras la subvierte, dando voz y dignidad heroica a quienes la historia arrumó en el anonimato y la pobreza. En realidad, cualquier libro de Walcott podría estar en esta lista, como es el caso de “El testamento de Arkansas”, que contiene un poema magnífico, “La luz del mundo”, epifanía caribeña en toda regla. 10. “Otra vez el mar”, de Reinaldo Arenas La obra maestra de Arenas, escritor disidente cubano al que el régimen comunista encarceló, censuró y destruyó sus manuscritos en varias ocasiones (por eso, “Otra vez el mar” debió escribirla tres veces). Una pareja pasa su luna de miel en una cabaña en la playa, durante el momento más represivo de la Revolución castrista. El esposo, joven poeta desafecto, mantiene un encuentro casual con un hermoso muchacho. Poseído por la experiencia, confecciona en aquel paraíso fugaz un canto a la libertad, al deseo y a la imaginación que halla perfecto correlato en la autobiografía del novelista, la altamente recomendable “Antes que anochezca”. 11. “Tres mujeres”, de Susanne Noltenius No cabe duda de que la circunstancia de la mujer de nuestra clase media contemporánea tiene una de sus expresiones más vívidas y sugerentes en la obra de Susanne Noltenius.

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Diana Quijano: “Si pudiera retroceder el tiempo, volvería a antes de mi diagnóstico de cáncer de mama. Fue muy traumático” | LUCES

Si Diana Quijano pudiera retroceder el tiempo, no cambiaría su vida: la prepararía. Volvería unos pasos atrás, justo antes del día en que le dijeron que tenía cáncer de mama, para entrenarse a recibir esa noticia sin que el cuerpo la traduzca en enfermedad. “Fue muy traumático”, dice. Esa confesión íntima parece escrita para abrir la puerta de la obra que estrena en febrero: “El tiempo todo locura”. Dirigida por Renato Piaggio y escrita por Félix Estaire, tres hermanas descubren que una “pastillita” puede devolverlas al pasado, como si el dolor tuviera botón de reinicio. El plan nace del amor para evitar que su madre muera. Pero cada intento por corregir el destino termina multiplicando el desastre —y empuja a la familia a un laberinto donde el tiempo en lugar de curar, cobra demasiado caro. Los personajes se llaman Mayor, Mediana y Menor. “Yo soy la Mayor: son los roles que uno ocupa en la familia. Y cuando eso se tergiversa, se va todo al diablo”, detalla Diana. Esa fractura —el orden íntimo que se desacomoda— es el punto de partida de la puesta en escena que se ríe, sí, pero sin atajos. “Cuando leí la obra me encantó porque no es una obra fácil… es una locura, la cabeza se te vuelve un trompo. Y además es comedia; yo tenía muchas ganas de hacer comedia después de ‘La doctora’. No tiene risas fáciles. Es lo absurdo lo que se plantea”, explica. Pero lo que termina de tensar la obra —y de volverla incómodamente humana— es su mensaje: la trampa de querer salvar a quien amamos a cualquier precio, sin medir las consecuencias. “Ellas no quieren que la mamá se muera y hacen cosas para que eso no pase…. Pero por tratar de salvarla vuelven atrás en el tiempo y mueren más personas, a una hermana la meten a la cárcel… se complica todo buscando una mejor solución“, detalla Quijano. Y mientras el público se ríe de los agujeros del tiempo, la obra deja una pregunta clavada como astilla: si tuvieras la pastilla en la mano, ¿volverías para arreglarlo todo… o aprenderías, por fin, a soltar? Para Diana Quijano, al menos en escena, la respuesta no viene del futuro. Viene de la familia. De esos roles que nadie elige y todos terminan interpretando, hasta que el tiempo —o la vida— les cobra la verdad. “La obra está planteada para que la hagan hombres o mujeres, quien sea. En nuestro caso somos tres mujeres”, señala. Y añade que el texto le dejó una certeza: por más pleitos o distancias, el vínculo familiar no se rompe, solo cambia de forma. Y el 2026, para ella, no se queda en este estreno. Termina la temporada en marzo y el calendario ya le marca el siguiente salto: una película aún sin fecha, pero en camino. “Me desocupo de la obra en marzo e inmediatamente después vuelo a hacer una película. Haré teatro, cine y televisión. Comienzo el año bonito”, sentencia. Además… “El tiempo todo locura” se estrena el 5 de febrero del 2026 en el Teatro de Lucía (Miraflores), con un elenco que completan Lía Camilo y Luciana Giraldo. Las entradas están a la venta en Joinnus. Source link

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Mickey Rourke en el hoyo: ¿Cómo pasó de actuar en “Iron Man 2” y “The Wrestler” a perder su casa? | LUCES

Mickey Rourke fue el villano de “Iron Man 2” y el centro de atención en la cinta de Darren Aronofsky, “The Wrestler”. Nunca fue un galán clásico del cine o el actor dócil con el que los productores disminuían tensiones, pero tuvo muchas oportunidades para rehacer su carrera entre Hollywood y los ring de boxeo, deporte que practica desde niño. A sus 71 años, el peso de la edad se siente a través de deudas con su arrendatario y el padecimiento de enfermedades que, según reportó en un inicio The Hollywood Reporter, lo llevaron a pedir donaciones por financiación de crowdfunding. Las controversias alrededor de Rourke se acumulan a través de los años: conductas ofensivas con sus colegas y arrebatos, como ocurrió en su salida abrupta del programa “Celebrity Big Brother”, la última vez que lo vimos en televisión. Después de eso, su situación financiera se volvió precaria. En diciembre de 2025, recibió una notificación de desalojo por una deuda de alquiler de 59.100 dólares en su casa de Los Ángeles, lo que motivó que una conocida suya iniciara una campaña en GoFundMe para evitar que se quede sin vivienda. No obstante, a pesar de sus problemas financieros, Rourke se ha distanciado de esta campaña. “Ha surgido algo que me frustra mucho, me confunde y no entiendo. Alguien creó una especie de fundación o fondo para donarme dinero, como a una organización benéfica. Y ese no soy yo, ¿ok? Si necesitara dinero, no pediría ninguna maldita caridad. Prefiero meterme una pistola en el c*** y apretar el gatillo. Así que quienquiera que haya hecho esto… no sé por qué lo hizo. No lo entiendo”, dijo el actor en su cuenta Instagram y animó a los donantes a solicitar su dinero de vuelta. Como reporta el diario The Guardian, inició la campaña Liya-Joelle Jones, asistenta de la mánager de Rourke, Kimberly Hines. En un inicio se reportó que el petitorio tenía la aprobación del artista. Mickey Rourke interpreta al boxeador Randy «The Ram» Robinson en «The Wrestler». (Foto: Difusión) Los primeros años de Mickey Rourke Nacido como Philip Andre Rourke Jr. en Nueva York, empezó en el boxeo cuando la violencia de su padre lo empujó a canalizar lo negativo en el deporte, según declaró en una conversación con la autora Ingrid E. Newkirk. Nace en Hollywood después. Fue, más bien, una irrupción. Tras abandonar el boxeo amateur por recomendación médica, se formó como actor y empezó con personajes vulnerables, eróticos o al borde del colapso en películas como “Body Heat” (1981), “Diner” (1982) y “Rumble Fish”, esta última dirigida por Francis Ford Coppola. El público lo tenía como la figura del antihéroe urbano, pero siempre con ese toque de fragilidad. Pero el papel de corredor dominante de Wall Street, en “9½ Weeks” (1986), movió su carrera y lo posicionó por su química con Kim Basinger. Entonces, su reputación como símbolo sexual se fue alimentando. Todo iba bien en su carrera como actor, con las siguientes películas de “Angel Heart” y “Barfly” en 1987, las que también anticiparon una deriva autodestructiva fuera de la ficción. LEE MÁS: Brigitte Bardot (1934-2025): la actriz que ejerció su libertad Familia y polémicas El impulso no se sostuvo. Sus matrimonios, primero con la actriz Debra Feuer y con la modelo y actriz Carré Otis, estuvieron rodeados de controversias. La segunda llegó a acusar al actor de violencia doméstica, consecuencia del arresto de Rourke, y también una orden de alejamiento. Aunque algunos cargos fueron retirados, la relación se convirtió en un símbolo de la etapa más oscura de quien, alguna vez, fue admirado por su trabajo en el cine. Mickey Rourke en la conferencia de prensa del 15.º Festival de Cine de Sarajevo en 2009. El actor llegó para presentar la película «The Wrestler». (Foto: AFP PHOTO/ELVIS BARUKCIC) Mickey Rourke interpretó a Ivan Vanko en «Whiplash» en «Iron Man 2». (Foto: Disney) Conflictos en los rodajes, consumo de alcohol y drogas, y un temperamento explosivo empezaron a cerrarle puertas en Hollywood. A comienzos de los noventa, desencantado con la industria, Rourke abandonó proyectos y regresó al boxeo profesional, decisión que le dejó lesiones severas y un rostro transformado por cirugías reconstructivas. Después, vinieron las producciones de bajo presupuesto y estrenos que no pasaban por salas de cine. “Lo perdí todo. Mi casa, mi esposa, mi credibilidad, mi carrera”, dijo el actor a Los Angeles Times en 2008. “Tenía toda esa ira de la infancia, que en realidad era vergüenza, no ira, y la usaba como escudo y machismo para encubrir mis heridas. Desafortunadamente, mi forma de actuar asustó mucho a la gente, aunque en realidad era solo yo quien tenía miedo. Pero era como una persona que sufrió un cortocircuito y no sabía cómo recomponerme”. El gran retorno de Mickey Rourke llegó en 2005 con “Sin City”, donde trabajó directamente con Benicio del Toro, Bruce Willis y Jessica Alba. Redoble de tambores: pero fue de “The Wrestler” (2008), de Darren Aronofsky, donde interpretó a un boxeador decadente, que lo llevó al reconocimiento internacional. El papel le valió un Globo de Oro, un BAFTA y una nominación al Oscar. Ese renacer lo llevó a franquicias como “Iron Man 2” (2010), donde encarnó al villano Whiplash, y “Los Indestructibles” (2010), con el elenco de veteranos Sylvester Stallone y Terry Crews. Más adelante, el propio actor ha hablado de pensamientos suicidas y de haber tocado fondo cuando su carrera y su vida personal colapsaron. En artículos de medios internacionales publicados entre 2009 y 2012, Rourke admitió que su comportamiento lo volvió ingobernable para directores y productores, pero eso venía incluso desde décadas atrás. “Trabajar con Mickey es una pesadilla. Es muy peligroso en el set, porque nunca se sabe qué va a hacer”, dijo Alan Parker sobre su trabajo con el actor en 1987. Pero también explicó cómo la terapia psicológica, su fe católica y el cuidado de sus perros se convirtieron en anclas para no autodestruirse. Fiel a su política de seguimiento, Daily Mail publicó una fotografía

Mickey Rourke en el hoyo: ¿Cómo pasó de actuar en “Iron Man 2” y “The Wrestler” a perder su casa? | LUCES Leer más »