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Cuando el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, y el poderoso jefe de Gabinete de la presidenta de la Comisión Europea, Björn Seibert, llegaron el lunes a Washington para tratar de evitar una guerra comercial con Estados Unidos, tuvieron que cenarse los comentarios despectivos sobre Europa efectuados por el círculo más estrecho del presidente Donald Trump en un chat privado filtrado. “Detesto tener que rescatar a los europeos otra vez”, escribió en ese canal de Signal el vicepresidente J. D. Vance. “Comparto plenamente el rechazo a los gorrones europeos. Patético”, le contestó el secretario de Defensa, Pete Hegseth.

El republicano Trump desprecia a Europa. No se molesta en ocultar su rechazo a la Unión Europea, de la que dice que “se ha portado mal” con EE UU y a la que ha acusado de “aprovecharse”. Pero no es lo mismo escuchar los comentarios de Trump en un momento concreto, muy ligados a la cuestión comercial —el presidente estadounidense está convencido de que la balanza comercial está absolutamente inclinada en perjuicio de Washington— o al gasto en defensa —la Casa Blanca cree que Europa invierte muy poco—, que leer a su equipo expresar su rechazo visceral. Y hacerlo, además, en una conversación sobre un ataque del ejército estadounidense a la milicia hutí en Yemen, una información que ha sido desvelada por un periodista de The Atlantic, que fue añadido por error a ese canal.

“No es sorprendente, pero es descorazonador y una muy mala señal de los tiempos que corren. Constata un cambio de orden mundial”, se lamenta una alta fuente comunitaria, que pide permanecer en el anonimato para hablar de un tema particularmente sensible. “Es indignante, y más llegando de la Administración estadounidense”, dice otra fuente que lo ve como una estocada más de Washington a la alianza con Europa, el vínculo transatlántico, uno de los más antiguos y fructíferos que ahora está cada vez más dañado.

Sin canales con Washington

Es una mala señal también porque la Comisión Europea (que tiene las competencias comerciales del club de 27 países y 450 millones de habitantes) está en negociaciones para tratar de evitar una guerra comercial de consecuencias desconocidas. Lo hace contra el reloj, antes de que EE UU ponga nuevos aranceles a productos europeos en los próximos días y de que la UE active los suyos en represalia. Pero por ahora nada ha dado resultado. “Es muy frustrante, pero ver las conversaciones privadas del equipo de Trump nos muestra que, salvo que el presidente diga otra cosa en el último momento, no hay grandes canales con EE UU”, dice un veterano diplomático. En esa charla a través de Signal, el círculo más cercano al presidente comentaba que se debería pedir algún tipo de remuneración a Europa por esos ataques a los hutíes, porque, según afirmaron, ayudarían a restablecer la navegación en el mar Rojo y eso beneficiaría básicamente a Europa.

“A pesar de la indignación y sorpresa de los líderes de la UE, el caso Signal no les reveló nada nuevo”, asegura Alberto Alemanno, investigador sobre democracia en la Universidad de Harvard. “Trump siempre ha despreciado a la UE desde su primer mandato, y su actual vicepresidente eligió la Conferencia de Seguridad de Múnich el pasado febrero para articular claramente la postura antagónica de Estados Unidos contra la UE”, remarca.

Ese episodio de Múnich fue, para muchos dirigentes y analistas europeos, una llamada de alerta, el despertar a un mundo en el que EE UU ya no solo no es un aliado, sino una potencia que puede buscar socavar las democracias de Europa. En su intervención en el foro sobre defensa y seguridad de la ciudad alemana, Vance cuestionó los valores europeos y su democracia, y lanzó un ataque ideológico sobre Europa que después ha impregnado otros discursos y acciones de la Administración Trump. La Casa Blanca ha dejado fuera a la UE de las negociaciones sobre Ucrania y amenaza con retirar el paraguas de seguridad. A eso se le suma ahora otra amenaza: la de querer hacerse con Groenlandia, un territorio autónomo del reino de Dinamarca, que Vance y su esposa visitarán esta semana sin invitación.

“Visto desde esta perspectiva, el caso Signal se presenta como una confirmación más de que EE UU ya no es un aliado, sino un antiguo aliado capaz y dispuesto a desafiar a la UE y lo que representa”, abunda Alemanno. La UE, como concepto, encarna un mundo que ya no se basa en la confianza mutua, la solidaridad y la cooperación. Como tal, representa un modelo alternativo al que EE UU y Rusia pretenden lograr: un mundo de suma cero, dominado por el imperialismo y el expansionismo”, añade el experto.



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