“¡Tú mar es de acá para allá!”, dice en tono agresivo un individuo enfundado en un pasamontaña negro, al borde del mar y cerca de una caseta de vigilancia de la Reserva Nacional de Illescas (RNI), ubicada en el departamento de Piura, a unos 800 kilómetros al norte de Lima. Cerca de la orilla, hay una camioneta algo desvencijada, junto a ella un pequeño bote de madera, al que llaman “zapatito”, y sobre la arena una red donde aún aletean algunas lisas (Mugil cephalus). Se trata de un chinchorro, un aparejo de pesca prohibido en todo el litoral peruano desde 2009 por una resolución del Ministerio de Producción (Produce) . Son cerca de las dos de la tarde y en medio de un sol indeciso, el ambiente se vuelve cada vez más tenso por los gritos de los infractores. Uno de ellos argumenta que “las playas son de Dios”; otro dice que sabe que esto “está prohibido”, pero que tiene familia y tiene que mantenerla. Personal del Servicio Nacional de Áreas Protegidas del Perú (SERNANP) se acerca a persuadirlos y advertirles que están vulnerando la ley, por lo que tienen que levantar sus aparejos e irse. Un camión que acompañaba a estos pescadores furtivos, con varias personas más, acaba de huir del lugar. Quedan aún quienes estaban jalando el chinchorro, pero finalmente se montan en la camioneta que arrastra el ‘zapatito’ y también abandonan la playa. Dejan en la orilla varios peces pequeños, que consideran inservibles, y que el sol rápidamente calcinó. “Esto no es nada”, cuenta uno de los guardaparques que, como parte de su trabajo, ha tenido varios enfrentamientos con los ‘chinchorreros’. En una ocasión, relata, hubo forcejeos y casi se van a las manos, y en otra, a pesar de los furiosos reclamos, la policía presente en un operativo sorpresa cortó las redes. Esta vez, ese tipo de intervención no fue posible. Los infractores, conscientes de que en el área protegida los controlan, se han instalado, provocadores, en el límite de la reserva. Por eso lo de “tu playa es de acá para allá”. Toma aérea de pescadores usando el chinchorro, un método de pesca ilegal, en el mar que está en el límite donde comienza la reserva. Foto: Sebastián Castañeda Lee más | Gobierno peruano ratifica sanciones económicas a 11 empresas pesqueras por pescar ilegalmente en Reserva Nacional de Paracas Luchando contra la marea Esta área protegida tiene un poco más de 36 550 hectáreas. Alberga hermosas playas, ubicadas en sectores del área denominados Reventazón, Punta El Faro, La Garita, Nunura. En este último sector, hay un acantilado donde retozan numerosos ejemplares de lobo marino chusco (Otaria flavescens), una especie que en Perú ha sido categorizada como Vulnerable, aún cuando la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la tiene en la categoría de Preocupación Menor. En el sector El Faro, en las vistosas rocas cercanas a la orillas revolotean algunas especies de aves, como la migratoria gaviota de Franklin (Leucophaeus pipixcan). Acantilados de la reserva nacional Illescas. Foto: Sebastián Castañeda El silencio que domina este ecosistema, al que algunos especialistas denominan ‘El Planeta Illescas’ es sobrecogedor. Sin embargo, hay un problema que envuelve a esta área protegida: es únicamente costera. No resguarda ningún espacio marino, como sí ocurre, por ejemplo, con la Reserva Nacional de Paracas, ubicada a 260 kilómetros de Lima, que es marino-costera. De allí que la intervención del personal de la Reserva de Illescas tenga límites. Dado que la pesca ilegal con chinchorro se produce en el mar, fuera del territorio donde estos funcionarios tienen competencia, para montar operativos de control más efectivos y no sólo advertirle a los pescadores ilegales que se vayan, deben actuar de manera coordinada con otras entidades, como la Policía. Lo hacen periódicamente para proteger el área. Entre el 29 de septiembre de 2022 y el 11 de septiembre de 2024, se han realizado ocho patrullajes conjuntos, en los que han participado la Policía de Medio Ambiente, la Fiscalía Especializada de Medio Ambiente (FEMA), la Dirección Regional de la Producción de Piura, el Produce y personal de la RNI. Con tales intervenciones, que se realizan de manera sorpresiva, han logrado disminuir la incidencia de pesca con chinchorro que impacta en el mar que está frente a la reserva. Pero no es suficiente. Un guardaparque patrullando una zona del área protegida. Foto: Sebastián Castañeda En este espacio de mar también incursionan barcos arrastreros a pocos metros de la costa, como uno que fue avistado por Mongabay Latam cerca de Punta El Faro, mientras desplegaba sus redes. En Perú, las redes de arrastre están prohibidas dentro de las primeras cinco millas marinas por lo que eventos como estos pueden ser intervenidos por el mismo Produce o por la Dirección de Capitanías y Guardacostas del Perú (DICAPI), la autoridad encargada de proteger el medio ambiente y reprimir todo acto ilícito en las zonas marítimas, fluviales y lacustres del país. Los guardaparques de Illescas, en cambio, no pueden, precisamente porque las embarcaciones están fuera de su jurisdicción. Silvana Baldovino, directora de Biodiversidad y Pueblos Indígenas de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) sostiene que desde un comienzo, “Illescas debió ser un área protegida marino-costera, como Paracas”. Lee más | Día Mundial del Agua: las batallas por salvar los glaciares de América Latina Zona de transición Para los expertos, resulta por lo menos curioso que en la reserva de Illescas no se haya considerado incluir el mar que alberga una alta biodiversidad y corre riesgos constantes por la pesca ilegal. El biólogo marino Yuri Hooker considera que esta zona tiene “una importancia excepcional en la biogeografía y distribución de especies en el Pacífico Sur”. Es un mar donde se produce una mezcla de aguas frías, provenientes de la corriente denominada de Humboldt (que va de sur a norte), y aguas tropicales provenientes de la corriente ecuatorial llamada también Corriente del Niño (que va de norte a sur). Por eso, continúa el especialista, se le llama “Área de Transición