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La vida de Brigitte Bardot se podría sintetizar en dos portadas de la revista “Elle”. En enero de 1952 el magacín la presentó con un abrigo verde, todo el cuerpo cubierto, y con cabellera marrón. Tenía 17 años y los aparentaba. En cambio, la portada de junio de 1960 cuenta una historia distinta. Bardot, iluminada para marcar sus atributos, casi dibujándolos, ya es rubia. Esos ocho años convirtieron a la modelo y actriz en potencia en un ícono de erotismo que resonó en todo el mundo. Ella falleció el último domingo a los 91 años de edad en su casa al sur de Francia. Le sobreviven su cuarto esposo y un hijo del que estuvo distanciada.

Mi cuerpo nunca fue mío; perteneció antes a los demás que a mí”, dijo la actriz en su libro de memorias, “Iniciales B.B” (1996). Casada a los 18 años con el cineasta Roger Vadim, él escribió sus primeros papeles, construyéndola como sujeto de deseo hasta que los intentos dieron fruto con la película “Y Dios creó a la mujer” (1956). Le siguieron otros éxitos, como “El desprecio” (1963), “Viva María” (1965), “Si Don Juan fuese mujer” (1973), etc. La actriz misma menciona que con la fama “todo se desbocó” en su vida; no es un recuerdo nostálgico, podría hacer referencia al acecho permanente de la prensa, que documentó al detalle sus relaciones con maridos y amantes.

Las reacciones al fallecimiento no tardaron. “Una existencia francesa, un resplandor universal. Nos conmovió. Lloramos a una leyenda del siglo” (Emmanuel Macron, presidente de Francia); “no fue solo una de las mujeres más bellas del mundo: fue la mujer más bella del mundo y, de hecho, todavía lo es” (Pierre Arditi, actor); “le encantaba reír, amaba la vida, amaba compartir esos momentos de felicidad” (Chico Bouchikhi, músico).

Bardot junto con el actor Antoine Bourseiller y el cineasta Jean-Luc Godard, en la filmación de "Masculino, femenino", en 1965.

Bardot junto con el actor Antoine Bourseiller y el cineasta Jean-Luc Godard, en la filmación de «Masculino, femenino», en 1965.

/ AFP

Vida intensa

Bardot hizo lo que quiso en todo momento, sean películas o música, con cinco álbumes de estudio y varios singles. Al dejar el cine, en su mejor momento según ella misma, encontró otro objetivo de vida: defender a los animales de la explotación, sea el ganado, para que tenga mejores condiciones de vida; las focas, cazadas indiscriminadamente; o los elefantes, utilizados en circos. Su más reciente donación para estas causas fue de 350.000 euros en 2018. La organización ambientalista PETA la ha llamado “el ángel de los animales”.

Bardot actuó solamente por 21 años, épocas en las que vivió con depresión; tuvo por lo menos cuatro intentos de suicidio. En su momento se habló mucho sobre su maternidad no deseada, un hijo que tuvo con el actor Jacques Charrier; en los años 90 ella ahondó más en este tema, al punto de que exesposo e hijo la denunciaron y cobraron una indemnización. A lo largo de su vida Bardot terminaría pagando varios miles de euros en multa a consecuencia de sus palabras; cinco veces fue condenada por el delito de incitar al odio racial, particularmente contra los inmigrantes musulmanes en Francia.

De acuerdo al diario francés Le Monde, Bardot fue por tres décadas la única celebridad francesa en defender abiertamente a la extrema derecha, algo que se veía desde su matrimonio con Bernard d’Ormale, su viudo, asesor de la candidata ultraconservadora Marie Le Pen.

Su vida también tuvo un legado académico. La filósofa Simone de Beauvoir la hizo figura central de su ensayo “Brigitte Bardot y el Síndrome de Lolita” (1959), donde describe la imagen que proyecta en el cine como la fantasía masculina de una mujer incapaz de decidir y que no pide nada; todo lo da. “Ella no piensa, no juzga, no elige; ella es”, indicó el texto. Y sigue siendo.



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