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Muchos venezolanos lloran al verla pasar, otros se abalanzan al camión que la lleva y algunos hasta la llaman «Libertadora»: María Corina Machado, galardonada en ausencia este miércoles con el Nobel de la Paz e infatigable opositora del gobierno, despierta un sentimiento casi religioso en su país.

 

Desde octubre, cuando se anunció el premio, era un misterio si Machado podría recogerlo en persona. Desde agosto de 2024 vive en la clandestinidad y no aparece en público desde una protesta en Caracas hace once meses.

 

Tras mucha incertidumbre, la opositora consiguió viajar hacia Oslo, pero no llegó a tiempo a la ceremonia, donde su hija Ana Corina recibió el galardón en su nombre y aseguró que «estará de vuelta a Venezuela muy pronto».

 

De jeans y camisa blanca, con aires de estrella de rock, Machado, que nació en Caracas hace 58 años, recorrió el país durante la campaña electoral para las presidenciales del 28 de julio de 2024 con un mensaje de cambio tras 25 años de gobiernos chavistas.

 

Sus seguidores destacan su «coherencia», sin medias tintas, y su promesa de acabar con el socialismo de la llamada Revolución Bolivariana para dar paso a un sistema liberal.

 

En las primarias opositoras hacia las elecciones del 28 de julio de 2024, Machado arrasó con más de 90% de los votos.

 

Pero fue vetada por una cuestionada inhabilitación política, y tuvo que ceder su candidatura presidencial al diplomático Edmundo González Urrutia, postulado a última hora. De todos modos, fue el alma de la campaña opositora.

 

Tras la reelección de Maduro para un tercer mandato, hasta 2031, ambos acusaron al presidente y al Consejo Nacional Electoral (CNE) de cometer fraude.

 

– «Expropiar es robar» –

 

Ingeniera de profesión y madre de tres hijos, Machado comenzó su camino político en 2002, cuando creó la organización Súmate, que impulsó un referendo para revocar el mandato del entonces presidente Hugo Chávez, fallecido en 2013 de un cáncer.

 

Fue electa al Parlamento, donde encaró a Chávez cuando el mandatario era intocable, casi un Dios.

 

«Expropiar es robar», le reclamó a Chávez en su rendición anual de cuentas ante el Parlamento en 2012.

 

«Le sugiero que gane las primarias porque está fuera de ránking para debatir conmigo», replicó el mandatario. «Águila no caza moscas».

 

Una década después, expertos la comparan como fenómeno político con el arrastre que tuvo el propio Chávez.

 

En octubre de 2023 se consolidó como líder de la oposición al arrasar en las primarias.

 

Pero su candidatura presidencial fue frustrada por una inhabilitación por 15 años que la corte suprema ratificó.

 

– «Nuestra libertadora» –

 

Aunque no estuvo en la boleta electoral, fue el rostro de la campaña. Durante meses recorrió el país, en auto porque el chavismo no le permitió abordar un avión. Y en cada parada fue recibida por multitudes entusiastas.

«Es nuestra libertadora», dijo en la campaña electoral Trina Rosales, de 60 años, después de una masiva caravana en San Cristóbal (estado Táchira, oeste). «Es nuestra esperanza, nuestra libertad», completó su hija Michelle Rosales, de 40 años.

 

Sentada en el parabrisas saludaba a quien buscara su mano para estrecharla.

 

«Vamos a lograr la liberación de nuestro país, vamos a traer a nuestros hijos de vuelta a casa», aseguraba Machado en campaña.

 

Unos 7 millones de venezolanos emigraron desde 2014 en medio de la crisis. Es una realidad que le toca directamente: sus hijos -Ana Corina, Henrique y Ricardo- viven fuera y ella tiene prohibición de salir del país.

 

Muchas veces, una videollamada es la única forma de comunicación.

 

«Besa su teléfono cuando recibe un mensaje o habla con ellos», indicó su mano derecha, Magalli Meda.

 

– «Hasta el final» –

 

Maduro arremete a menudo contra Machado, a la que incluye en lo que ha llamado la «casta maldita de los apellidos», de las familias «oligarcas». Aunque Machado viene de una familia acomodada, no es de las más ricas.

 

El número dos del chavismo, Diosdado Cabello, suele también mofarla con nombres como «María con ira» o «La sayona», un ánima del folklore venezolano que, como la dirigente, es de tez blanca y cabello negro y liso.

 

También la acusan de «lacaya» de Estados Unidos por defender una economía de libre mercado y plantear la privatización de Petróleos de Venezuela (PDVSA), principal fuente de ingresos del país.

 

Su eslogan «hasta el final» se ha convertido en su mantra.





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