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Al menos 27 personas murieron y casi un millar resultaron heridas por el terremoto ocurrido el lunes en el norte de Afganistán, donde la población se sentía este martes desamparada ante la llegada del frío invierno.

 

En Kaftar Khana, en la provincia de Samangan, Gulabuddin llora a su nuera que, cuando la tierra tembló, no tuvo tiempo de bajar del primer piso de la casa familiar.

 

El propio Gulabuddin resultó herido en la cabeza por un ladrillo.

 

«Hemos perdido todas nuestras pertenencias. Se acerca el invierno, tenemos hijos de cuatro y cinco años. Llevamos dos noches quedándonos en casa de familiares», explica a AFP.

 

La Autoridad Nacional de Gestión de Desastres (ANDMA) había precisado previamente que solo una minoría de los heridos presentaba lesiones graves tras el sismo de magnitud 6,3.

 

La mayoría de las víctimas se registraron las provincias de Samangan y Balkh, epicentro del sismo, en el distrito de Kholm, informó Sharafat Zaman, portavoz del ministerio.

 

Las autoridades destacaron que «gracias a los importantes esfuerzos y a la rápida respuesta de todas las instituciones competentes, se completaron las operaciones de rescate en las zonas afectadas», declaró Zaman en un comunicado.

 

Entre muros derrumbados, techos abiertos y grietas por doquier, las escenas de desolación recuerdan a las del este de Afganistán, afectado a finales de agosto por un sismo de magnitud 6 que dejó 2.200 muertos, el más mortífero en la historia reciente de Afganistán.

 

En Kholm un corresponsal de AFP observó a los habitantes retirando escombros bajo la lluvia en sus viviendas destruidas por el sismo.

 

La compañía nacional de electricidad indicó que continuará reparando las líneas dañadas, que provocaron cortes de energía en la región.

 

La réplicas aumentan los temores y sufrimientos de la población ante la falta de mantas, ropa y medios para calentarse, mientras que las temperaturas podrían alcanzar los -20 °C acompañadas de nieve.

 

Las organizaciones internacionales subrayan que, ante una de las peores crisis presupuestarias de su historia, debido al retiro de numerosos donantes -entre ellos Estados Unidos-, su ayuda será limitada.





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