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Alfombra roja, sobrevuelo de aviones de combate y una amabilidad casi desmedida permitieron a Vladimir Putin romper el aislamiento occidental por la guerra en Ucrania al ser recibido este viernes en Alaska por Donald Trump con una coreografía calculada al milímetro.

 

Pasadas las 11H00, hora local, en la Base Aérea Elmendorf-Richardson de Alaska, bajo un cielo gris, el presidente estadounidense Donald Trump y el ruso Vladimir Putin bajaron de sus respectivos aviones.

 

Trump aplaudió brevemente mientras Putin caminaba hacia él sobre una alfombra roja desplegada sobre la pista.

 

A continuación, ambos se dieron un apretón de manos, sonrieron e intercambiaron unas palabras que los periodistas no alcanzaron a oír.

 

Trump dio una palmada en la mano de su invitado.

 

Para el dirigente ruso, objeto de una orden de arresto de la Corte Penal Internacional y de múltiples sanciones, aventurarse fuera de su país es algo excepcional.

 

Pero que lo hiciera para ser recibido con todos los honores en Estados Unidos era impensable antes del regreso de Trump a la Casa Blanca en enero, que rompió con la posición proucraniana de su predecesor demócrata Joe Biden.

 

Este último quería convertir al jefe del Kremlin en un «paria» después de que ordenara invadir Ucrania en febrero de 2022.

 

– Cordialidad -Para dar la bienvenida a Putin, Trump desplegó la alfombra roja rodeado de militares uniformados y organizó un sobrevuelo de un bombardero furtivo B-2 rodeado de aviones de combate.

 

En redes sociales, los opositores al presidente republicano lo consideraron una muestra de excesiva deferencia hacia el gobernante del Kremlin.

 

Los partidarios de Trump la interpretaron como un intento de impresionar al presidente ruso, conocido por ser un experto en presión psicológica.

 

«¿Dejarás de matar civiles?», le gritó un periodista a Putin mientras ambos hombres subían a un estrado donde posaron para los fotógrafos con otro apretón de manos. No hubo respuesta.

 

Putin subió entonces a la limusina presidencial blindada, apodada «La Bestia», para reunirse con Donald Trump en un edificio de la base.

 

Allí, ambos dirigentes, sentados y flanqueados por sus asesores, posaron brevemente de nuevo para la prensa.

 

– Camiseta «URSS» -Esta vez el locuaz presidente estadounidense no respondió a las preguntas de los pocos periodistas presentes.

 

Si se mantiene el programa, tendrá la oportunidad de hacerlo más tarde durante una rueda de prensa conjunta con Vladimir Putin.

 

Ni Trump ni Putin prevén salir de la gigantesca base militar de Elmendorf-Richardson, cuya construcción comenzó en 1941.

 

La base ha sido un puesto avanzado de enorme importancia estratégica desde la Segunda Guerra Mundial y, especialmente, durante la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética se observaban a través del estrecho de Bering.

 

A su llegada a Alaska, el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, vestía una sudadera con la inscripción «URSS». La imagen se volvió viral en las redes sociales.

 





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