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Kiara Quispe (25) es, primero que nada, actriz. La capital la vio durante varias semanas en la obra “Niños caen de los árboles” como Cindy Lauper, empleada doméstica de una familia de abolengo venida a menos. En la obra toca la guitarra y canta, mostrando que su talento es multidisciplinario. Y ahora acaba de añadir la poesía a la lista de cosas que puede hacer.

“Para ti mi corazón/ sin cáscara/ sin máscara/ sin malabares”; así empieza Quispe “Todo arde, todo” (Templanza, 2025), un libro donde plasma sus sensibilidades y que funciona como registro de pensamientos que surgieron en el lugar menos esperado. Una vez en una cafetería, desprovista de lapicero para sus apuntes, tuvo que usar un cuchillo sobre el papel. Aquellos visitados por las musas entienden la sensación de necesitar capturar el pensamiento.

“Todo este tiempo he intentado separarme en distintas personalidades, pero me he dado cuenta de que, en efecto, la sensibilidad que puedo tener como actriz va muy de la mano de la poesía con la que intento ver el mundo, como para crear simbolismos, para crear la propia esencia de los personajes. Me guio mucho desde las metáforas y las cosas que me estimulan a mí como para para poder crear y generar”, contó la autora a El Comercio. Ella ha aprendido a dejar ir; si no consigue apuntar la idea, lo toma como un momento de satisfacción mental que, sin embargo, fue pasajero.

“Hace poco llegué a la conclusión de que los conceptos a me llegan muy tarde. El entendimiento que pueda tener sobre las cosas es como si me tapara los ojos. Pero ocurre algo cuando estoy escribiendo, que puedo darme cuenta mucho tiempo después de lo que significa. Hay algo en mi inconsciente que necesita salir y creo que por eso hago poesía”, explicó la actriz, que trabajó por dos años en este libro. “Para mí escribir es más un acto de comprenderme a mí misma”, dijo. Eso es algo que para ella distingue la poesía del teatro y la música.

Dicen que los libros están hechos de otros libros, que las lecturas de sus autores les dan cuerpo. En el caso de Quispe, los textos del español Federico García Lorca fueron parte de su proceso, pero también los trabajos de la uruguaya Idea Vilariño. Esta última se convirtió en su cábala, pues antes de salir a escena leía uno de sus poemas.

“El arte no es algo que surge mágicamente sin que el creador haga algún esfuerzo, sino que realmente hay todo un camino”, dijo por su parte Alessandra Pinasco, editora del libro, que forma parte de una colección donde cada portada representa a un arcano mayor del tarot. Ella contó que al final del proceso editorial la autora pasó por una lectura de cartas, a manera de juego, tras lo cual eligió el arcano para su portada. En este caso Quispe se sintió atraída tanto por el Rey de Espadas como por la Reina de Copas, de modo que la portada es una amalgama de ambas cartas.



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