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En el envejecimiento, ciertos malestares suelen atribuirse al paso del tiempo. Pero síntomas como cansancio persistente, pérdida de apetito, insomnio, desorientación leve o problemas de equilibrio no deben considerarse normales. Muchas veces, estos cambios sutiles pueden ser las primeras señales de condiciones médicas serias que requieren atención especializada.

“Hay muchos signos que suelen pasarse por alto porque no parecen graves. Pero cuando hablamos de adultos mayores, una caída, una pérdida de apetito o un cambio de ánimo pueden estar anticipando algo más serio”, señala el Dr. Alfredo Vásquez Colina, jefe de Urgencias de la Clínica Anglo Americana.

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Samanta Alva

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Esto ocurre incluso en personas mayores activas y funcionales. En ellas, enfermedades como hipertensión, diabetes, insuficiencia renal o deterioro cognitivo pueden avanzar sin síntomas evidentes. La persona puede sentirse bien, pero internamente estar desarrollando condiciones que afectarán su calidad de vida.

“Sentirse bien en general no siempre significa estar bien. Muchas veces, los problemas comienzan de forma tan sutil que solo se detectan si prestamos atención a pequeños cambios”, añade el Dr. Vásquez.

Síntomas como una caída sin causa aparente, un episodio de confusión o un leve malestar pueden estar relacionados con infecciones, efectos secundarios de medicamentos o alteraciones en la alimentación. En los adultos mayores, el cuerpo reacciona distinto: una infección, por ejemplo, puede no causar fiebre, y el dolor puede presentarse de forma atípica o apenas perceptible.

Por eso, los especialistas recomiendan una evaluación médica integral, que no solo trate los síntomas visibles sino que revise aspectos físicos, mentales, funcionales y sociales. Evaluar la memoria, el equilibrio, la movilidad, los niveles de azúcar y presión, la salud del corazón, la vista y la nutrición puede hacer la diferencia entre detectar un problema a tiempo o enfrentarlo en estado avanzado.

En situaciones de urgencia, actuar rápido también es fundamental. Lo que en una persona joven podría resolverse fácilmente, en un adulto mayor puede agravarse con rapidez. Cada señal debe tomarse en serio.

“El beneficio de actuar pronto no es solo evitar que el problema avance. Es mantener la independencia, prevenir hospitalizaciones y mejorar tanto la calidad de vida del adulto mayor como la tranquilidad de su familia”, indica el Dr. Vásquez.



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