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Las autoridades carcelarias de Texas denegaron este jueves la libertad condicional a Yolanda Saldívar, de 64 años, la mujer que el 31 de marzo de 1995 asesinó a la estrella de la música tejana Selena Quintanilla-Pérez en un motel de Corpus Christi (Texas) de un tiro por la espalda. Saldívar recibió una condena a cadena perpetua, con la posibilidad de solicitar la revisión de su caso a los 30 años. La denegación de la clemencia llegó cuatro días antes de que se cumpliera el aniversario de un suceso que provocó una enorme conmoción entre la legión de los fans de Selena y dio lugar a un culto en torno a su figura inédito en el pop latino en Estados Unidos.

Saldívar tenía una estrecha relación con su víctima, de cuyo club de fans fue presidenta. También trabajó en los negocios de moda que la cantante abrió en Corpus Christi, la ciudad del Golfo de México en la que vivió con su familia hasta su muerte a los 23 años, y San Antonio. En el juicio, la asesina adujo que todo se debió a un accidente, y la Fiscalía probó ante el jurado, que halló culpable a Saldívar de asesinato en primer grado, que la mujer empleó un arma que había comprado días antes, devuelto, y vuelto a comprar, al verse a punto de ser despedida. En las semanas previas, el padre de Selena, Abraham Quintanilla, acusó a Saldívar de defraudar a su hija en sus negocios.

La decisión de la Junta de la Libertad Condicional de Texas supone que la presa no podrá volver a pedir que se revise su caso hasta dentro de cinco años. “Tras una evaluación exhaustiva de toda la información disponible, que incluyó todas las entrevistas confidenciales realizadas, el panel de libertad condicional decidió denegar la libertad condicional a Yolanda Saldívar y fijar su próxima revisión para marzo de 2030″, afirma el comunicado, en el que se establece que que “el delito en cuestión presenta elementos de brutalidad, violencia, comportamiento agresivo o selección consciente de la vulnerabilidad de la víctima” que hacen pensar que Saldívar tenía “indiferencia consciente por la vida, la seguridad o la propiedad ajena”, por lo que, concluye el escrito, “la agresora representa una amenaza continua para la seguridad pública”.

En enero pasado, se conoció la intención de Saldívar de solicitar la libertad condicional, pocos meses de que un documental de true crime en dos capítulos arrojara sin demasiado éxito dudas sobre los motivos que rodearon al asesinato. Los expertos legales consultados por este periódico coincidieron estos días en lo improbable de que la permitieran salir de la cárcel, porque, como recordó Marshall Millard, abogado de San Antonio, especialista en solicitudes de este tipo, “es raro que en Texas se dé la razón a los presos en su primer intento”.

En los últimos días, el entorno de la asesina declaró al tabloide The New York Post que fue la “agresividad” la víctima lo que hizo que aquella apretara el gatillo, lo que supuso una novedad en la estrategia de defensa y en el relato mantenidos durante décadas, según el cual que todo se debió a un desafortunado accidente durante una discusión entre ambas. Ese cambio se interpretó como una estrategia para armarse de nuevas razones ante la revisión del caso.

La argumentación del accidente fue puesta en duda por la Fiscalía durante el juicio, celebrado en Houston a finales de 1995, dado que Saldívar cogió el arma y salió de la habitación rumbo a su camioneta, mientras Selena se arrastraba hasta la recepción del motel, donde cayó redonda. Los médicos no pudieron hacer nada por salvarla. Saldívar paso nueve horas en su vehículo amenazando con suicidarse, mientras un negociador trataba de aplacarla.

La muerte de Selena y el juicio posterior se convirtieron en noticias de alcance internacional. Por entonces, la artista ya había conquistado multitud metas no reservadasen esa época para una intérprete de música en español en Estados Unidos y para una mujer en el género de la música tejana, un coto tradicionalmente reservado para los hombres.

Su muerte a los 23 años la hizo aún más famosa y desató una avalancha de libros, estudios académicos, series de televisión y películas, la primera de las cuales, Selena, llegó tan pronto como en 1997. En ella, una promesa de la interpretación llamada Jennifer López interpretó al ídolo caído.



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