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Una red comunitaria de Internet creada y sostenida por un grupo de vecinos de cinco asentamientos humildes de Buenos Aires ha permitido garantizar la conexión de miles de habitantes a un servicio que en los últimos años se ha vuelto vital. Soldati Conectada, un proyecto impulsado hace cinco años, ya tiene casi 350 socios, a los que se suman miles de usuarios que acceden al wifi de forma gratuita en más de 40 puntos en las calles y otros 40 en escuelas, espacios religiosos, sitios de rehabilitación por adicciones o centros culturales. Además, se ha convertido en una fuente de empleo y capacitación para los propios habitantes de una zona donde abundan las carencias. Sin embargo, la partida presupuestaria que permitió el financiamiento fue eliminada por el Gobierno del ultraderechista Javier Milei, lo que amenaza las posibilidades de sostenimiento y expansión.

La iniciativa fue impulsada por la Asociación Civil El Hormiguero hace cinco años, en medio de la pandemia de covid-19, que graficó y amplificó la profunda desigualdad digital: en las villas miseria, el acceso a Internet es precario, deficitario, clandestino y con costos más elevados que en el resto de la ciudad, debido a que las principales empresas de telecomunicación no ingresan con instalaciones formales alegando razones de rentabilidad y sólo brindan el servicio de datos móviles, con peor calidad y precios más altos. La situación desbordó en los barrios populares en plena cuarentena en un momento donde conectarse era esencial para trabajar, estudiar, realizar trámites, comunicarse con familiares, informarse y entretenerse.

Nicolás Pretungaro un ingeniero en Electrónica de 37 años y uno de los responsables de Soldati Conectada, explica que el proyecto tiene dos pilares: garantizar el derecho a la conectividad y asegurar la “apropiación tecnológica” para que los vecinos puedan capacitarse “y no sólo sean simples consumidores” de Internet. En 2020 presentaron la idea, que fue financiada mediante el Fondo Fiduciario del Servicio Universal, creado por una ley que buscaba desarrollar Tecnologías de la Información y la Comunicación y era sostenido por las empresas del sector, que aportaban el 1% de sus ingresos brutos.

Pero a comienzos de 2025, el Gobierno de Milei dio de baja el fondo argumentando supuestas irregularidades no precisadas y que carecía de instrumentos que justifiquen su vigencia. Para la organización, que además gestiona una radio comunitaria, fue un golpe duro, ya que gracias al subsidio inicial pudieron financiar la infraestructura y la mano de obra necesaria para la conectividad.

Internet Villa Soldati

Una red de Internet comunitaria en expansión

La red comenzó a proveer el servicio de Internet a espacios comunitarios de los asentamientos Ramón Carrillo, Fátima, Los Piletones, La Esperanza y Los Pinos. “Empezamos con merenderos, lugares de organización vecinal, parroquias, centros educativos y de adicciones. Hoy ya tenemos 43 centros comunitarios que son socios activos de la red”, detalla Pretungaro. Marina Rupar, otra de las integrantes del proyecto, de 35 años, señala que esos sitios reciben el servicio de forma “solidaria y gratuita”.

Luego instalaron redes de wifi libre en espacios públicos, hasta que finalmente se ampliaron para ofrecer Internet fijo en los hogares por fibra óptica y wifi, que hoy ya cuenta con 350 socios, aunque aclaran que muchas familias comparten el servicio. El despliegue de la red requirió obras para el tendido del cable que recorre varios kilómetros en los cinco asentamientos. Por mes tiene un valor de 10.000 pesos argentinos (9,2 dólares, al tipo de cambio oficial) por 30 megabytes, mientras que los 100 megabytes cotizan a 16.000 pesos (14,7 dólares). “Queremos expandirlo, tenemos listas de espera, pero no contamos con la capacidad operativa ni financiera para cubrir la instalación”, lamenta Petrungaro.

A contramano del discurso libertario que pregona Milei sobre el libre mercado, Petrungaro asegura que en esas zonas el sector privado brillaba por ausencia. “No resuelve, y si resuelve, lo hace mal, encareciendo el costo de vida de quienes necesitan pagar menos y dejándolos sin acceso a un servicio que hoy es vital”, dice el ingeniero.

Entre 2021 y 2023, alrededor de 2.000 asentamientos de todo el país y parajes rurales accedieron al servicio de fibra óptica con un modelo similar al de Soldati Conectada, que recibió el reconocimiento mundial: en 2024 ganó el premio del Institute Of Electrical and Electronics Engineers, que destacó el proyecto como un ejemplo de cómo conectar a los desconectados. Iniciativas similares se replicaron en otros puntos del país. En la provincia de Córdoba, una mutual desarrolló un sistema idéntico para 24 barrios populares, que conectó a 2.000 familias por primera vez a una red de Internet.

Internet Villa Soldati

“Fue un cambio muy grande para los vecinos”

Bajo un sol que asedia a Buenos Aires, Rodrigo Amarilla, de 27 años, trepa peldaño a peldaño por una escalera que conduce a una pequeña terraza, equipado con todo tipo de herramientas y un largo cable de fibra óptica enrollado en una bobina. Amarilla fue el primer vecino de Villa Fátima en capacitarse como instalador de Internet gracias a un curso gratuito que un especialista fue a brindar al barrio. Hoy es uno de los 14 trabajadores de Soldati Conectada.

“Para nosotros, fue un cambio muy grande”, dice mientras trabaja con precisión quirúrgica, y cuenta que los propios vecinos se apropiaron del servicio y se integraron a las capacitaciones en busca de una salida laboral. “Nos preguntan con frecuencia cuándo podemos ir a conectarlos. Fue bien recibido por la comunidad”, relata. Unos minutos después, Amarilla desciende la escalera, chequea en la vivienda que la conexión funcione en los parámetros indicados, deja el servicio operativo y se marcha.

José Padilla tiene 62 años, nació en Bolivia y hace más de 30 años emigró a la Argentina para radicarse en Villa Fátima. Ha visto la transformación del asentamiento por completo, desde la época en que no había servicios básicos de luz, agua o gas hasta la apertura de calles, la mejora de las viviendas y, más recientemente, la llegada de Internet. “Fui uno de los primeros en asociarme a la red”, dice orgulloso. Además, se inscribió en los cursos para entender cómo funcionaba la maquinaria que le permitía informarse, entretenerse y que sus hijos puedan hacer las tareas de la universidad. “Era una necesidad desde mucho antes de la pandemia, mucha gente aquí no tenía acceso”, relata. “Tener conexión fue importantísimo, el costo bajó mucho y la calidad es buena”, describe.

“Un proyecto con potencial enorme”

“¿Somos solo consumidores o además pensamos la tecnología?”, se pregunta Rupar. Para la licenciada en Comercio Exterior, el proyecto es disruptivo porque no sólo discute cómo es el acceso a Internet, sino también para qué se utiliza. A pesar del entusiasmo, explica que no dan abasto con la capacidad operativa. “En los barrios informales, las conexiones eléctricas son más precarias. Tenemos problemas que las grandes empresas no tienen, porque sus infraestructuras están montadas en zonas más ordenadas”, dice. “La red crece y la gente tiene dónde conectarse sin pagar una fortuna”, agrega.

Internet Villa Soldati

Petrungaro se esperanza con poder ampliar Soldati Conectada a otras zonas que tienen los mismos problemas sociales y habitacionales. “Hay barrios que están desconectados de Internet. En la ciudad más rica del país, a 10 kilómetros del Obelisco, hay familias sin conexión. Este proyecto tiene un potencial enorme”, dice el ingeniero.



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