viernes, 27 febrero, 2026
viernes, 27 febrero, 2026

Las personas que llaman a la línea directa del estado de Washington presionan 2 para español y, en su lugar, escuchan inglés con acento de IA

Los dos osos y la tigresa rescatados de un zoológico cerrado en Argentina llegan a Europa

Instagram notificará a padres si sus hijos buscan contenido sobre suicidio o autolesiones

Miami aspira a ser pionera mundial en taxis voladores eléctricos

Modi, el primer líder mundial que alcanza los 100 millones se seguidores en Instagram

Leche evaporada, entera y descremada | Las verdaderas diferencias que debes considerar al comprar | Nutrición

La Junta de Paz de Trump estrena su página web

Más de 2.000 personas con medidas cautelares y 177 presos, amnistiados en Venezuela

Sheinbaum llama a la «calma» tras violencia en México por muerte de El Mencho

La histórica ley de amnistía abre un nuevo capítulo para el futuro político de Venezuela


Tabita dos Santos Moraes, de 51 años, navega con destreza los riachuelos para llegar hasta la comunidad de la Amazonia brasileña donde su paciente está a punto de dar a luz. La sequía de los meses recientes ha disminuido el caudal de agua, dificultando el trayecto. Tabita, quien asistido más de 180 nacimientos desde que inició su formación a los 15 años, es una de los cientos de parteras que atienden a los pueblos enclavados en la selva.

Cuando hay suficiente agua en los ríos, se tarda unas cuatro horas en ir desde Deus É Pai, la comunidad donde viven Tabita y su paciente, hasta el hospital de Tefe, la ciudad más cercana. Pero dos años de sequía récord han convertido muchos ríos de la Amazonía en arroyos de escaso caudal. Ahora, el viaje a Tefe puede durar más de un día, si el río no está completamente intransitable.

Tabita dos Santos Moraes atiende a Mayleane Melo en el estado de Amazonas, Brasil, el 26 de octubre 2024.

Más de una de cada 15 mujeres en el Estado de Amazonas da a luz fuera de los hospitales, aproximadamente cuatro veces superior al promedio nacional, según estadísticas gubernamentales.

Aunque Marianne, la hija de Tabita, está aprendiendo la profesión de su madre, se trata de una excepción entre las nuevas generaciones. Muchas de estas comunidades rurales ya no cuentan con parteras por falta de vocaciones. Pero, a medida que la sequía en la zona se alarga y corta los ríos que comunican los poblados con los hospitales más cercanos, las parteras se han convertido en una pieza esencial de la atención médica en el área.

Las autoridades de salud pública reconocen que necesitan parteras para apoyar a las mujeres a las que no pueden acceder. Sin embargo, el Gobierno no paga a las parteras tradicionales a menos que completen una formación formal reconocida por el sistema médico y muchas de ellas trabajan como voluntarias sin sueldo formal.



Source link