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Familiares de migrantes venezolanos deportados de Estados Unidos y recluidos en una prisión de alta seguridad en El Salvador denunciaron que tatuajes y cicatrices corporales fueron usados para criminalizar a sus parientes. Las familias exigen que el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, los envíe de regreso a casa.

La semana pasada, el presidente estadounidense, Donald Trump, invocó la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798, para deportar a presuntos miembros de la pandilla venezolana Tren de Aragua. Los migrantes se encuentran retenidos en El Salvador en virtud de un acuerdo con el gobierno del presidente Nayib Bukele.

Tres familias, originarias del estado caribeño de Carabobo, afirman que sus seres queridos son inocentes, tras leer en redes sociales y enterarse de que las autoridades estadounidenses los han vinculado con la pandilla. “El hecho de que tengan tatuajes no significa que pertenezcan al Tren de Aragua. Hoy en día, todos tienen tatuajes”, dijo Josefina Romero, madre de Wild Chirinos Romero, deportado por Estados Unidos a El Salvador.



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