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En el macizo del Bove, casi en el corazón de Italia, montañas quebradas por los terremotos, Juan Ayuso recorre en solitario los últimos kilómetros de la etapa en la Tirreno-Adriático dejando a los lados edificios en ruinas, no reconstruidos desde que la tierra se movió con violencia en 2017. Ha dejado atrás a Pidcock, Hindley y Landa, sus últimos acompañantes, y circula hacia la gélida meta en Frontignano, donde le esperan su pareja Laura y su perrita Trufa, habitual ya en las llegadas.

Solo estaba cumpliendo un plan, con la frialdad de los grandes ciclistas, el que entre él y sus directores habían diseñado en la calidez del autobús del equipo. Pippo Ganna, el líder hasta ese momento, era el objetivo del ciclista español, y las últimas rampas de la etapa, el escenario elegido. Claro que las intenciones se pueden desbaratar si quien las tiene que llevar a la práctica no está a la altura.

Y no es el caso, porque Ayuso y sus compañeros del UAE lo ejecutaron con la eficacia de un cirujano. Dejaron hacer todo el día, permitieron que la habitual fuga se cociera en su propio caldo, y cuando después de los dos primeros kilómetros relevaron al equipo Bahrein en la cabeza del grupo, tomaron por fin la iniciativa. Isaac Del Toro empezó el baile, y lo continuó hasta que su líder se mostró dispuesto a ponerse al mando.

Para entonces, Ganna ya empezaba a descolgarse, y el primer tirón de Ayuso le dio la puntilla. Fue un acelerón seco, levantando el trasero del sillín. Respondieron Pidcock y Hindley, un poco más tarde Landa. El aspirante repitió la maniobra por segunda vez, y una tercera, como quien pasa un trapo por la mesa y lo sacude para desprender las migas que se quedaron pegadas. No le hizo falta ninguna sacudida más para quedarse solo y seguir hasta la meta, sumando segundos de diferencia sobre una carretera agrietada primero, y bien asfaltada después.

Ganna, para entonces, peleaba por seguir en el podio. Lo consiguió en un ejercicio de resistencia. Es tercero ahora en la general, por detrás de Tiberi, y claro está, de Juan Ayuso, que llegará a San Benedetto del Tronto, a orillas del Adriático, en la última etapa, con el plan trazado en la Tirreno totalmente cumplido. Será su segunda victoria en una carrera por etapas del UCI World Tour, después de la accidentada Itzulia del año pasado.

Mientras, en los Alpes franceses y bajo el aguanieve y una temperatura heladora, Matteo Jorgenson amarró su segunda París-Niza, que concluye este domingo, tras una etapa recortada 38 kilómetros por las condiciones climáticas de la jornada.

En la cima de Auron ganó Storer, superviviente de la fuga del día, pero el corredor estadounidense del Visma no tuvo problemas para defender su diferencia en la clasificación general. Jorgenson acudió a la carrera para proteger a su líder Vingegaard, pero la retirada del danés le abrió la puerta de la victoria.



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