Los niños nacidos por reproducción asistida tienen hasta un 58% más riesgo de cáncer infantil


Aunque pequeño, existe un riesgo mayor de cáncer infantil en aquellos niños concebidos mediante reproducción asistida frente a aquellos que lo fueron de manera natural. Así lo indica un estudio realizado en Taiwán basado en 2,3 millones de nacimientos y que lo desliga de nacimientos prematuros o bebés con bajo peso al nacer. Sin embargo, la última palabra no está dicha en este tema.

Los investigadores evaluaron los 1.880 casos de cáncer infantil (hasta los 13 años) ocurridos en nacidos entre el 1 de enero de 2004 y el 31 de diciembre de 2017. La tasa de cánceres infantiles entre los nacidos por reproducción asistida fue de 203,1 por cada millón de personas y año, frente a los 121,4 de los nacidos por concepción natural. Esto se traducía en un 58% más de riesgo.

Los tipos de cáncer que marcan la diferencia son principalmente dos: las leucemias y los tumores hepáticos. En el primer caso, la incidencia es de 56,2 casos por millón de habitantes y año frente a 29,8 en la concepción natural. En el segundo, la tasa fue de 34,6 casos frente a 8,2.

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El estudio también diferenciaba un tercer grupo, el de parejas que tenían un diagnóstico de baja fertilidad pero tuvieron a sus hijos por concepción natural. En este caso, la tasa de incidencia del cáncer infantil se situaba en 137,6 casos, ligeramente por encima del resto del grupo que no eligió ningún tratamiento por reproducción asistida.

Nuestros hallazgos sugieren que las parejas que buscan tratamientos de reproducción asistida necesitan ser informadas de un riesgo bajo pero significativamente mayor de cáncer infantil“, sostienen los autores del trabajo, publicado en JAMA Network Open y liderado por Shiue-Shan Weng, de la Universidad Nacional Yang Ming Chiao Tung, en Taipei, la capital de la isla.

Conclusiones distintas

Las conclusiones de este trabajo contrastan notablemente con las de otro recién publicado, esta vez en la revista PLOS Medicine, y basado en los nacimientos ocurridos en los cuatro países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia) en un rango de tiempo que va desde mediados de los años a mediados de la pasada década.

En este caso se analizaron 7,9 millones de nacimientos, de los que 171.774 fueron por reproducción asistida (el 2,2%). La tasa de incidencia de cánceres en niños concebidos con reproducción asistida fue de 193 por millón y año, por 167 para el resto, lo que llaman ‘concepción espontánea’. La diferencia entre ambos no es estadísticamente significativa, apuntan los autores. Es decir, que no es descartable que se deba al azar.

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Un gráfico de este último trabajo puede ofrecer una esperanza de explicación, y es que mide la incidencia hasta los 18 años frente a los 13 del paper taiwanés. El pico de diagnósticos de cáncer se da antes de los cinco años tanto en los niños nacidos por reproducción asistida como los de concepción natural, pero el número de los primeros es mayor. Es a partir de los 12 años cuando los casos de cáncer en el primer grupo disminuyen, mientras que en el de la concepción natural crece de nuevo.

La polémica sobre la relación entre los tratamientos de reproducción asistida y el cáncer infantil no es nueva y, por lo que parece, está lejos de resolverse. Aparte de estos dos trabajos, se han publicado en los últimos años otros cuatro basados en cohortes nacionales comparables. De ellos, dos (realizados en Israel y Estados Unidos) concluían que había un mayor riesgo de cáncer infantil en la reproducción asistida. Los otros dos, procedentes de Dinamarca y Países Bajos, afirmaban lo contrario.

Distribución del cáncer por edad de diagnóstico entre concebidos naturalmente y por reproducción asistida.


Distribución del cáncer por edad de diagnóstico entre concebidos naturalmente y por reproducción asistida.

PLOS Medicine

Para enredar aún más la cosa, los resultados de los dos últimos estudios, publicados hace menos de 30 días, difieren también en la incidencia de los cánceres en niños nacidos tras tratamientos de reproducción asistida dependiendo de si se congelaron los embriones previamente para preservarlos o no. En el trabajo taiwanés no apreció un mayor riesgo en el uso de embriones congelados pero sí en el de aquellos que no necesitaron ser conservados.

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En cambio, el trabajo nórdico sí aprecia una diferencia, y notable: un 59% más de riesgo. “Se desconoce la razón para un posible riesgo mayor de cáncer en niños nacidos tras transferencia de embriones descongelados”, explican los autores. “Cada tipo de cáncer infantil tiene su propio perfil de factores de riesgo, pero muchos de ellos se piensa que derivan de accidentes embrionarios y se originan en el útero”.

Un peso alto del recién nacido o alteraciones epigenéticas han sido algunas de las posibles explicaciones del hecho. También se ha propuesto que la costumbre de utilizar los embriones de mejor calidad para la primera implantación y conservar congelados los restos puede suponer una diferencia entre unos y otros.

Ambos estudios señalan que el número bajo de casos de cáncer infantil (sobre todo entre los nacimientos tras el uso de embriones congelados) puede suponer una limitación que debe tenerse en cuenta a la hora de interpretar sus resultados. Afortunadamente, habría que decir.



Fuente: El Español

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