La variante BA.2 y la relajación de restricciones abocan a España a una nueva ola Covid inminente



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La tendencia está ya fuera de toda duda. Una nueva ola de coronavirus SARS-CoV-2 toma forma en Europa menos de dos meses después de que la última alcanzara su pico. Y, en esa espiral ascendente, España parece verse arrastrada antes de tiempo, dando señales de una nueva oleada pandémica. De confirmarse, sería ya la séptima.

A principios de marzo, el número de casos Covid contabilizados diariamente en el continente, que iba cuesta abajo y sin frenos, se estrelló contra un suelo insualmente alto para volver a crecer. Países como Francia, Reino Unido o Italia alcanzaron su pico de contagios antes del 20 de enero. Otros, como Suiza o Alemania, se retrasaron hasta principios y mediados del mes siguiente. Todos ellos han retomado la senda del crecimiento.

El caso alemán es el más sorprendente. El 16 de febrero, el portal Our World in Data recoge 401.828 casos, su récord de la pandemia. La semana siguiente la cifra había caído a casi la mitad: sería su punto más bajo. Después de vacilar, la tendencia ha tomado una inequívoca curva al mismo tiempo que otros países europeos.

Además, la tasa de reproducción, que muestra la media de personas que contagia cada persona infectada en un tiempo determinado, está por encima de 1, aparte de los arriba mencionados, en países como Bélgica, Grecia, Portugal o Irlanda. Esto quiere decir que el virus se encuentra en fase expansiva.


En España, este número se sitúa en el 0,96. Aunque no alcanza el umbral, los datos del Instituto de Salud Carlos III muestran cómo bajaba a finales de enero y a lo largo de febrero, para comenzar a elevarse de nuevo antes de llegar a marzo. El día 8 de este mes repuntaba en el 1,01.

Nuestro país ha mostrado un carácter anticíclico en varios momentos de la pandemia, a veces adelantándose a la oleada en el continente, a veces yendo por detrás. Mientras Bélgica o Alemania sucumbían a delta a principios del otoño, nosotros vivíamos ese dulce momento entre oleadas con la vista puesta en quitarnos las mascarillas en interiores para las navidades. Como si quisiera quitarnos las ilusiones, ómicron nos utilizó poco después como carta de presentación en Europa (junto a Reino Unido y Dinamarca) pero llegaría al resto de sitios algo más tarde.

Tras el pico de contagios del 9 de enero, España comenzó un descenso, primero vacilante, luego más sólido. Europa siguió por detrás pero parece haber cortado su bajada antes de tiempo. De hecho, la incidencia acumulada ha comenzado a crecer en Francia y Alemania de forma previa a la eliminación de las medidas restrictivas que hasta ahora imperaban. Francia la estrenó este lunes y Alemania prevé hacerlo en breve.

Sin embargo, lo que la semana pasada era un estancamiento, esta ha sido la consolidación de un cambio de tendencia: ahora que el Ministerio de Sanidad solo ofrece datos dos veces por semana, se ha visto que la incidencia acumulada creció tímidamente 2 puntos en la primera ocasión. Este viernes mostraba un aumento más clarificador de 13 puntos, muy pequeño respecto a los grandes saltos que daba este indicador en diciembre y enero, pero signo inequívoco de que algo está pasando.

Más transmisible pero no más grave

Con todo, el experto en salud pública Joan Carles March pide prudencia. “No sé si es el comienzo de una nueva ola, me gustaría que no fuera así”, cavila, pero advierte: “Estoy convencido de que la pandemia no ha terminado, el virus está aquí y vamos a seguir teniendo brotes”. De los varios escenarios posibles, prefiere no decantarse por ninguno.

Otros expertos ya avisan de la nueva ola y señalan a un culpable: el sublinaje BA.2 de la variante ómicron, un 30% más transmisible que su prima-hermana. La buena noticia es que esa es la única característica que la hace peor que la ómicron original: es igual de virulenta (es decir, bastante menos que delta), las vacunas siguen siendo efectivas frente a enfermedad grave (sobre todo tras el refuerzo) y la infección previa con BA.1 protege frente al nuevo sublinaje.

Ahora mismo, BA.2 se ha impuesto en toda Europa. De hecho, el país donde antes lo hizo, Dinamarca, es de los pocos cuya tendencia sigue a la baja y no ha cambiado, lo que puede ser un indicativo para el resto de países. En España están disponibles los datos de 10 comunidades hasta la primera semana de marzo, y en todas ellas crece notablemente la presencia de este sublinaje respecto a la semana anerior.

Así, en Castilla y León, la comunidad con un porcentaje más bajo de BA.2 de las que recoge el último informe del Ministerio de Sanidad, la proporción de esta variante en las muestras analizadas ha pasado del 6,3% al 19%. En Galicia, del 18,5% al 37%. En Canarias, del 49,8% al 75,2%. El crecimiento de este sublinaje está igualando, e incluso superando, la velocidad con que ómicron (la primigenia) barrió a delta del mapa a lo largo de diciembre.

Sin embargo, para Joan Carles March, hay más factores a tener en cuenta. El crecimiento “puede estar ligado a BA.2 pero también hay una situación de relax general, la sensación de que esto ha terminado y que las restricciones han dejado de seguirse”.

Lo ejemplifica en que, aunque la obligación de llevar mascarilla en interiores no ha variado (de momento), cada vez se ve más gente eludiéndola en bares y otros sitios cerrados. “De alguna forma, afecta a esa sensación de que esto ha terminado”.

Con todo, March percibe en este posible cambio de tendencia “un conjunto de factores, no creo que sea uno solo sino un conjunto de elementos que hace que se haya parado la bajada”. Y apuntala: “En un entorno donde estamos haciendo menos tests que antes, es un elemento a tener en cuenta. No creo que haya que bajar la guardia ante esta situación“.

El salubrista describe varios posibles escenarios, del más optimista al más pesimista, afirmando que no se atreve a dilucidar entre uno u otro: siempre puede aparecer una nueva variante que escape a la inmunidad generada por las variantes anteriores o las vacunas. En donde sí se muestra optimista es en una situación actual que se mantenga en el tiempo, con mucha gente habiendo pasado la primera ola de ómicron y con una alta cobertura vacunal. “Eso minimiza las posibilidades de una nueva ola”.





Fuente: El Español

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