La mitad de las muertes por cáncer en el mundo en hombres y un tercio en mujeres son evitables



Todos los años, entre finales del verano y principios del otoño, la revista médica The Lancet diagnostica a la humanidad. La Carga Global de Enfermedad (Global Burden of Disease, en inglés) es un recuento anual del peso de distintas patologías en el mundo y su evolución a lo largo del tiempo. Uno de los primeros estudios salidos de dicha macroinvestigación este año nos advierte de que casi la mitad de las muertes por cáncer son prevenibles, es decir, se deben a disruptores externos, y los tres principales están claros: el tabaco, el alcohol y la obesidad.

En 2019, el último año con datos completos, hubo 4,45 millones de muertes por cáncer atribuibles a factores de riesgo, lo que supone un 44,4% del total de muertes por los 23 tipos de cáncer analizados. Además, provocaron un total de 105 millones de años de vida con discapacidad causada por el cáncer.

Sin embargo, el peso de estos factores es distinto según el sexo. En los hombres suponen un 50,6% del total de muertes por cáncer (2,88 millones). Dicho de otro modo, que la mitad de muertes por cáncer en hombres se podía prevenir. En mujeres, sin embargo, serían aproximadamente una de cada tres, el 36,3% (1,58 millones).

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Las diferencias entre sexos también se refieren a cuáles son los factores más mortales. El tabaco es el principal responsable en ambos, si bien con distinto peso: supuso el 33,9% de los años de vida perdidos por el cáncer en hombres por el 10,7% en mujeres.

A partir de ahí, los factores difieren. En hombres, al tabaco le siguen el alcohol (7,4%), las dietas descompensadas (bajas en frutas y vegetales o altas en carne procesada, por ejemplo; 5,9%) y la contaminación del aire (4,4%). 

En el caso de las mujeres son las infecciones de transmisión sexual (como el virus del papiloma humano) el segundo factor en provocar más años de vida perdidos, con el 8,2%. Las dietas descompensadas suponen el 5,1% del total, mientras que un alto índice de masa corporal contabilizaba el 4,7% del tiempo de vida perdido por el cáncer.

Si los factores de riesgo golpean de forma distinta a hombres y a mujeres, lo hacen a través de diferentes tumores. De esta manera, el 36,9% de los tumores mortales atribuibles a estos elementos son de tráquea, bronquios o pulmón. El 13,3% son de recto; el 9,7%, de esófago, y el 6,6%, de estómago. En el caso de las mujeres, el 17,9% de las defunciones se debían a cáncer de cérvix; el 15,8%, a tumores de colon y recto, y el 11% a los de mama.

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El vicepresidente de la Sociedad Española de Oncología Médica, César Rodríguez, califica estos datos como “preocupantes”. Sobre todo por el uso del tabaco: “Un tercio de las muertes por cáncer podrían evitarse eliminándolo. Es tremendo”.

Señala, además, la “paridad” que existe al ser la primera causa tanto en hombres como en mujeres. Y destaca que “el 40% de las muertes por cáncer podríamos evitarlas quitando el tabaco, haciendo una dieta saludable y corrigiendo el sobrepeso“.

España se ‘centroeuropeíza’

Tan importantes como las diferencias entre sexos son las geográficas. Estos disruptores externos golpean de forma distinta tanto por región como por nivel sociodemográfico. Así, fueron los países desarrollados –que suponen el 13,4% de la población mundial– los que registraron, proporcionalmente, mayor número de muertes por cáncer (el 25,4% del total) y, al mismo tiempo, mayor número de muertes atribuibles a factores de riesgo (26,5%).

Por regiones, Europa Central es la que tiene más casos por número de habitantes: 82 por cada 100.000. Le siguen el este asiático, la Norteamérica de altos ingresos (esto es, Estados Unidos y Canadá), el sur de Latinoamérica y Europa occidental, donde se dan 63,8 muertes.

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“Tabaco, alcohol y dieta son importantes en los países desarrollados”, apunta Rodríguez. “En los menos desarrollados juegan un papel crucial otros factores como las infecciones de transmisión sexual, pero, a medida que se van desarrollando, se van pareciendo más a los occidentales”.

El caso de España es particular. “No somos los peores en nada pero estamos los segundos en todo“. Así, el impacto del tabaco, la obesidad y otros hábitos de vida no es tan grave como en otros países de nuestro entorno pero “nos estamos empezando a parecer más a Centroeuropa o Norteamérica, donde los factores modificables son un gran problema”.

El oncólogo advierte que no se está actuando adecuadamente para corregir estos problemas. “Nos mantenemos en unas cifras, pero lo preocupante es que no haya un retroceso: determinados problemas relacionados con los hábitos de vida occidentales son reales no pueden esconderse”.

El impacto de la obesidad

Pero el GBD no solo ha hecho la fotografía del cáncer en la actualidad, sino que la ha comparado con hace 10 años, comprobando cómo ha variado el peso de los distintos factores en la carga global de la enfermedad.

El número de muertes atribuibles a factores modificables ha crecido un 20,4% en este tiempo, pasando de 3,7 millones a 4,45 millones. “Es quizá el aspecto más preocupante”, admite el vicepresidente de la SEOM. “Aunque pensemos que estamos haciendo bien las cosas, hay un 20% más de muertes por cáncer atribuibles a factores modificables“.

Signo de los tiempos es cómo ha crecido especialmente el que llaman en el estudio ‘riesgo metabólico’, que se refiere a, por ejemplo, el descontrol glucémico, pero, principalmente, la obesidad. Las muertes atribuidas a este factor crecieron, en el mismo periodo de tiempo, un 34,7%.

A este respecto, el epidemiólogo del Instituto Catalán de Oncología Rafael Marcos Gragera ha explicado, en declaraciones al Science Media Centre, que “el aumento de la carga de cáncer atribuible al riesgo metabólico, especialmente en países de rentas bajas, podría ser el resultado de que estos países están experimentando una transición epidemiológica en la que las mejoras en el estado de desarrollo del país están relacionadas con el aumento de los niveles de obesidad”.

El especialista considera la existencia de estos datos fundamental para establecer estrategias destinadas a reducir la incidencia del cáncer en la población. “La publicación sistemática y periódica de los resultados nos permite no solo supervisar los avances en el control de la enfermedad, sino también identificar las áreas problemáticas en las que es necesario actuar”.



Fuente: El Español

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