Juan Carlos Izpisúa: “Rejuvenecer las células ayudará a retrasar la aparición del cáncer”


Revertir el envejecimiento es la última gran promesa científica que, paso a paso, parece ir haciéndose realidad. Uno de los mayores hitos en esta frontera se ha dado a conocer este año.

El equipo de investigadores liderado por Juan Carlos Izpisúa Belmonte, profesor del Laboratorio de Expresión Génica del Instituto Salk de Estudios Biológicos y catedrático de Biología del Desarrollo de la Universidad Católica San Antonio de Murcia, deshicieron los signos del paso del tiempo en ratones al introducirles los llamados factores de Yamanaka, que borraron las marcas epigenéticas asociadas al envejecimiento.

A pesar de lo espectacular de la investigación y de que el albaceteño es un consumado divulgador, su intervención durante el Age Open Science 2022, organizado por el Centro Internacional sobre el Envejecimiento (Cenie), quedó deslucida por el intenso sol que se cernía en el Patio de Escuelas de la Universidad de Salamanca, lo que hizo que muchos se fueran buscando la sombra y que la organización acabara repartiendo gorras de la tienda de souvenirs de la universidad.

Izpisúa Belmonte atendió a los medios por la tarde, pero su condición de co-organizador del evento le llevó a interrumpir precipitadamente la entrevista con EL ESPAÑOL a los 7 minutos: no podía dejar desatendidos a sus invitados, una pléyade de estrellas de la ciencia sobre el envejecimiento que, al igual que el manchego, se ha visto obligada a presentar sus investigaciones bajo el inclemente sol abrasador de estos días en Salamanca.

– La investigación sobre envejecimiento se ha puesto de moda en los últimos años. ¿Cuáles han sido los factores que han hecho que lleguemos a este punto?

– No sé si se ha puesto de moda, nosotros llevamos trabajando más de 30 años en el tema y mucha investigación se está realizando en muchos centros.

Quizás sea [por] el hecho de que España sea uno de los países con mayor esperanza de vida del mundo, quizás el reconocer que la calidad de vida es importante para nuestra salud, y algunos resultados que nos indican que podemos rejuvencer las células y, por tanto, mejorar la progresión de la enfermedad.

– ¿Hay mucho ‘charlatán’ en esta nueva ciencia del envejecimiento que se hace pasar por experto para vender cosas como que vamos a vivir mil años o que él no piensa morir?

– Yo no sé en qué criterios o resultados sólidos científicos están basadas esas afirmaciones, pero es obvio y manifiesto que todos nos vamos a morir, todas las especies tenemos un reloj biológico y nuestra investigación está centrada en tratar de mejorar esa pérdida de funcionalidad de la célula que experimentamos con el paso del tiempo, no con el objetivo de buscar la inmortalidad sino que la enfermedad tarde un poco más en aparecer y que nuestros últimos años de vida sean más saludables.

Pero nunca relacionado con la inmortalidad porque, como le digo, no existe prueba científica ninguna de que eso sea alcanzable y no es, en la mayoría de los casos, el interés de los científicos trabajando en este campo.

Izpisúa, durante su intervención en el Age Open Science.


Izpisúa, durante su intervención en el Age Open Science.

Cenie

– Se ha pasado de investigar las enfermedades asociadas al envejecimiento a tratarlo como un todo. ¿Cuál ha sido el cambio?

– Depende de si consideramos el envejecimiento una enfermedad.

– ¿Es una enfermedad?

– Es una cuestión de muchos ángulos. Al final, yo creo que lo que importa es que, cuando somos jóvenes (hasta los 35-40 años), la enfermedad, de no ser debido a un accidente o a una mutación que heredamos de nuestros padres, es prácticamente inexistente.

Es a partir de una cierta edad cuando hay un aumento logarítmico de cualquier enfermedad (hepática, cardiaca, cáncer…). Todas ellas están asociadas al envejecimiento, es algo que no lo podemos desligar: el paso del tiempo hace que nuestras células dejen de funcionar normalmente y ello va asociado al envejecimiento.

Nuestra idea es tratar de rejuvenecer las células para que se comporten de la misma manera que cuando éramos jóvenes y puedan luchar, ser más resistentes-resilientes a la aparición de la enfermedad.

Yo no las llamaría enfermedades asociadas al envejecimiento porque la mayoría de las enfermedades que padece la sociedad humana, a excecpión de un accidente o una mutación que nos transmiten nuestros padres, están asociadas al paso del tiempo.

– ¿Cuánto hay de genoma y cuánto de epigenoma en el envejecimiento celular?

– Nos es difícil estimar un porcentaje de la influencia del genoma y del epigenoma, pero el hecho de que nuestro genoma es el mismo de las personas que vivían durante la civilización romana pero, en cambio, la esperanza de vida media ahora sea de 80-85 años, y que en aquella época era de 35 años, nos dice que, a pesar de tener el mismo genoma, el envejecimiento y la aparición de enfermedades tarda más. Eso quiere decir que el epigenoma tiene una influencia fundamental en ese proceso.

– ¿Cómo serán las terapias del envejecimiento futuras? ¿Será una pastilla que se recetará a alguien a partir de cierta edad?

– Es muy difícil de decir. En marzo, dentro de 10 meses, los melocotoneros de Murcia van a estar en flor porque lo he visto otros años. Pero descubrir secretos de la naturaleza y cómo trasladarlos a la clínica puede ocurrir mañana o puede que no.

Entonces, poner cuándo o cómo va a ser es simplemente especular. Conceptualmente, y gracias a los datos y experimentos que estamos obteniendo en animales, uno puede pensar que van a funcionar en humanos, pero no lo sé, y por lo tanto, cuándo y cómo va a ser ese tratamiento es difícil decirlo. Conceptualmente, estoy convencido de que ocurrirá pero no sé cuándo ni cómo.

– Uno de los factores clave del envejecimiento es el cáncer, donde el genoma juega un papel importante, pero, ¿y el epigenoma?

– De nuevo, es la genética y la epigenética. Muchos de los cánceres que no son hereditarios se manifiestan y progresan en enfermedades más avanzadas. Por lo tanto, rejuvenecer la célula ayudaría a que la aparición de los cánceres lleve más tiempo.



Fuente: El Español

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