Gervasio Deferr confiesa su infierno con el alcohol


Gervasio Deferr, durante la entrevista en ‘Lo de Évole’. / ELCORREO

Gimnasia

El mejor gimnasta español de la historia ganó el oro olímpico en 2004 tras una noche de borrachera y pidió al COE no pasar controles antidopaje porque era consciente de que daría positivo por cocaína meses antes de los Juegos de Atenas

Amador Gómez

Gervasio Deferr, el mejor gimnasta español de la historia que ganó tres medallas olímpicas (dos oros en los Juegos de Sídney 2000 y Atenas 2004 y una plata en los de Pekín 2008), ha confesado el infierno que ha sufrido durante su carrera por su adicción al alcohol, y que llegó incluso a pensar en el suicidio. Deferr desveló durante una entrevista en el programa ‘Lo de Évole’ emitido la noche del domingo que conquistó su oro en salto en Atenas después de una noche de borrachera de la que no recuerda ni siquiera cómo se fue a dormir, porque tenía la sensación de haber «fracasado», al volver a fallar el día anterior en su ejercicio preferido, el de suelo. «Quería inundarme en alcohol, que es la droga más peligrosa», relató el gimnasta catalán, que cinco meses antes de los Juegos de Atenas llegó a solicitar al Comité Olímpico Español (COE) que no fuese sometido a controles antidopaje porque era consciente de que daría positivo por cocaína.

El presidente del COE, Alejandro Blanco, le ayudó a entrar en un centro de desintoxicación en 2017, en el que fue declarado «politoxicómano», porque recuerda que «cuando se es adicto, se es adicto a todo» y allí estuvo diez meses. «Hubo un momento en el que me di cuenta de que llevaba seis años bebiendo todos los días. Seis o siete medianas (de cerveza) y dos o tres cubatas. Sin nada que hacer ni objetivo, al final te envenenas», reconoció tras no ser capaz de soportar la presión del deporte de alta competición ni asimilar la fama, «que te arrolla». Su ascenso a la gloria comenzó a los 19 años, en 2000, cuando se proclamó campeón olímpico en salto, un título que a la postre le llevaría a tocar fondo y convertirse en uno de los muchos muñecos rotos del deporte. Minutos antes de la final de potro en Sídney, Deferr pensó: «Os van a doler las manos de aplaudirme. No habéis visto saltar a nadie así. Yo era muy flipao. Cuando estoy en el aire, ya lo sé: cojo el suelo, me giro y ya sé que es una nota del copón».

«Se me va la olla y me creo Dios. Me convierto un poco en gilipollas. El mismo día, el 25 de septiembre, un año después, en 2001, entro en el quirófano para operarme del segundo hombro y me tiro meses viviendo en mi casa sin hacer nada, porque soy Gervario Deferr y empiezo a fumar (porros) con mis amigos y demás», relató a Jordi Évole quien posteriormente dio positivo por cannabis en los Mundiales de 2002. «Ahí es cuando se me cayó todo. El cabrón de mi padre me colgó el teléfono y estuvo un tiempo sin hablarme». Lamenta la filtración de su positivo, «a traición», a través de alguien de la Federación Española de Gimnasia: «Pensé: ‘Que os den por culo, y me fui a mi casa a fumarme un porro’». «Después no volví a tener un patrocinio. Jamás. Ni en los dos Juegos posteriores con las medallas. ¿Cómo puede ser que yo tenga tres medallas olímpicas y me queden 15 años de hipoteca?», se pregunta quien acaba de publicar su autobiografía, ‘El gran salto’ (editorial Península).

«Llevaba diciendo que iba a ganar unos Juegos Olímpicos desde los 12 años. Era mi único objetivo en la vida. Solo quería parar mi mente, porque me hundía mi propio pensamiento», reconoció el gimnasta criado en el barrio marginal de La Mina, en Barcelona, donde desde hace un tiempo da clases a niños y niñas. «Este barrio me recuerda un poco a mí cuando era pequeño. Llegué de padres inmigrantes argentinos. No teníamos nada, pero nos juntábamos muchos y nos sentíamos bien, como aquí». Fue en Madrid, durante las concentraciones con sus compañeros, donde comenzó a beber sin control, y se ha pasado 20 años, «inundado en alcohol».

«Me despertaba con sangre»

«Cuando salíamos por ahí, si todo el mundo pedía una cerveza, yo me pedía un quinto. Acabé mezclando con cocaína, speed, pastillas… Yo no me drogo con otras cosas si no bebo. Es todo a través de ello, y lo tenemos tan instaurado en todas las celebraciones… El alcohol casi me destroza la vida», admite quien después de su plata en suelo en los Juegos de Pekín y antes de su retirada deportiva, en 2011, con 30 años, no sabía en qué ocupar el tiempo. «Por fin podía hacer lo que quisiera, sin tener que pasar el antidopaje. En ese momento fumo, salgo, bebo… Me tiro tres años en Madrid pensand o si me retiro o no, pero cada día estoy desde las tres de la tarde en bares con amigos. Era dormir por la mañana, comer y luego por la tarde otra vez. Al final te envenenas», reconoce arrepentido.

«Varios momentos he pensado que mañana no me levanto y me daba igual. Había mañanas que me despertaba en la calle con sangre y no sabía si me había peleado. No sabía qué hacer y me volvía a pasar. Estaba solo con mis demonios», apuntó quien llegó a desvelar entre lágrimas que su proceso autodestructivo le llevó a no estar junto a su madre cuando sufrió un infarto. «Si llegar a morir, yo no estoy aquí. Yo no podía estar ahí, ella en Gerona y yo en Sant Cugat», señaló quien también ha superado recientemente el coronavirus, aunque estuvo tan enfermo que temió «que no llegaba al cuarto día» y se enorgullece ahora, con 41 años, de «haber vuelto a ser Gervi».



Fuente: El Comercio

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