Europa mantiene a raya la Covid un año después de ómicron: “Es improbable que se repita algo así”



Hace justo un año, el 22 de noviembre, se detectaba en Sudáfrica una nueva variante del SARS-CoV-2. La celeridad con que la Organización Mundial de la Salud se apresuraba a lanzar la alarma sobre ómicron hacía prever que iba a cambiar las reglas del juego. Así fue: en España, la sexta ola de la Covid infectó a más personas que las cinco anteriores.

La OMS clasificó como ‘de preocupación’ a la nueva variante (conocida como B.1.1.529 en la clasificación del virus más usada, la Pango) tan solo cuatro días después de su detección debido al alto número de mutaciones que acumulaba respecto a las anteriores. Inmediatamente, la Unión Europea suspendía vuelos procedentes de siete países africanos, pero ya era tarde: el primer caso en España se detectó menos de una semana después del aviso africano, el 30 de noviembre. La alarma fue tal que se llegaron a reintroducir las mascarillas en espacios abiertos.

La amenaza que supuso ómicron daba al traste con las esperanzas de que la vacunación doblegara al virus, aunque esta –junto a la menor ferocidad de la nueva variante– se mostró eficaz para que todo ese caudal de contagios no se transformara en hospitalizaciones y muertes al mismo ritmo que en olas anteriores.

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Aunque el impacto de ómicron se ha desinflado a lo largo de 2022, los expertos venían advirtiendo de que la llegada de frío y el cambio de hábitos asociados al mal tiempo (más convivencia en interiores, ventanas cerradas, etc.), unido al levantamiento de la mayoría de medidas anti-Covid tomadas en los dos años anteriores, podía revertir la situación.

La fuerte irrupción de dos virus que habían sido apartados por el SARS-CoV-2, la gripe y el virus respiratorio sincitial o VRS), desde comienzos del otoño hacía presagiar una ‘tripledemia’, poniendo en guardia a todo el sistema de salud en su conjunto ante la amenaza del colapso de primaria y hospital.

Nuevas variantes

Sin embargo, el virus siempre sorprende. Un puñado de nuevas variantes, surgidas de ómicron pero también de recombinaciones del virus, ha mostrado una transmisión incluso mayor que la ómicron original, además de una capacidad para escapar de los anticuerpos generados por infecciones anteriores o vacunas, hoy por hoy, desactualizadas: BA.2.75, BA.4.6, BF.7, BQ.1.1, XBB…

De ellas, la más temible parecía BQ.1.1 porque escapaba a la inmunidad generada por todos los anticuerpos monoclonales disponibles. Se prevé, además, que sea la variante predominante en el invierno del hemisferio norte. Con todo, en Francia, donde ya supone el 25% de los nuevos contagios, por el 7% de su ‘hermana’ BQ.1, los ingresos han comenzado a crecer pero solo de forma ligera, mientras que las UCI se mantienen estables.

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En Estados Unidos, ha ocurrido otro tanto de lo mismo. Si a algunos les parecieron temerosas las declaraciones de su presidente, Joe Biden, anunciando que “la pandemia ha terminado” el pasado septiembre, su principal asesor en temas de Covid, Anthony Fauci, ha afirmado con seguridad que el país está preparado y que no se va a repetir lo que se vio con ómicron.

Algunos han afirmado que BQ.1.1 puede ser la primera variante con marcada evasión inmune que no induzca una nueva ola. En España, junto a BQ.1 suponen ya el 46,4% de los nuevos casos y, aunque es pronto para juzgar su efecto en las hospitalizaciones, la incidencia del virus parece haberse moderado en el último mes tras estar casi todo octubre subiendo.

“Ahora mismo tenemos una variante que es muy transmisible pero también una importante inmunidad conseguida por las vacunas y las infecciones previas”, recuerda Ángela Domínguez, portavoz de la Sociedad Española de Epidemiología.

Esa protección “va disminuyendo pero ya estamos vacunando a los grupos más vulnerables, lo que supone un freno a la transmisión del SARS-CoV-2”. Por eso, señala, la infección está afectando especialmente a los niños pequeños, que todavía no tienen una vacuna disponible. “Afortunadamente, eso no se está traduciendo en hospitalizaciones”.

La catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Barcelona reconoce que se esperaba que, con el frío, volviera a aumentar la transmisión. “Y, de hecho, así es. Pero al haber mucha población inmunizada, está habiendo freno”. Por eso, cree que “tenemos bastantes números para que no se repita lo del año pasado“.

De la temida ‘tripledemia‘, esta temporada es el SARS-CoV-2 el que se está quedando atrás. Los casos de VRS y gripe han subido notablemente en las últimas semanas según el último informe del Instituto de Salud Carlos III, mientras que la Covid experimenta un crecimiento leve y sostenido, sin sobresaltos. En hospitales, los virus clásicos están disparados y el SARS-CoV-2 mantiene el mismo perfil bajo.

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¿Esto quiere decir que estamos cerca de alcanzar, por fin, la inmunidad de grupo? “El concepto tiene que ver con la transmisión, no con la gravedad de la enfermedad”, aclara Salvador Peiró, investigador en Salud Pública de Fisabio, la Fundación para Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana.

“La situación que tenemos es diferente. Hay Covid: bastante, diría yo, y desde luego mucha más de lo que dicen las cifras de casos, que solo miran los mayores de 60. Y hay bastante reinfección. Pero las vacunas –que algo reducen la transmisión, sobre todo si son cercanas en el tiempo– y las infecciones previas hacen que la enfermedad grave sea infrecuente”.

A pesar de que las nuevas variantes muestran escape –in vitro– a los anticuerpos generados por infecciones previas y vacunas, “nuestros queridísimos linfocitos B, la inmunidad celular, las reconocen igual y dificultan el pase a la enfermedad grave”.

La lentitud de la vacunación

La encuesta de seroprevalencia de la Comunidad Valenciana daba un 50% de personas que pasaron la Covid en abril. “Yo no hablaría de inmunidad de grupo. Otra cosa es que, para tantos millones de afectados si extrapolamos las cifras a toda España, no nos ha ido tan mal a nivel de hospitalizaciones”. Pero si se dan millones de infectados, “por mucho que baje la tasa de casos graves, acabas teniendo un goteo importante“.

De ahí que la administración del segundo refuerzo anti-Covid en la población vulnerable (crónicos y mayores de 60 años) sea fundamental. Y nuestro país va lento: dos de cada tres mayores de 80 años ya tienen su cuarta dosis de la vacuna, pero solo el 47,19% de aquellos entre 70 y 79, y el 27,35% de los que tienen entre 60 y 69 años.

Esa lentitud, para Ángela Domínguez, es “una facilidad que le damos al virus de que pueda actuar en las personas en que la inmunidad ha bajado. Nos queda un recorrido muy grande y es importante que todas las personas incluidas en los grupos de riesgo sean vacunadas”.

Aunque confíe en que el virus no dé sorpresas desagradables, la epidemióloga recuerda que el virus sigue circulando y que las medidas adecuadas, es decir, vacunación sí, pero también mascarillas, distancia personal o higiene de manos, “contribuyen a frenar la transmisión”.





Fuente: El Español

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