El fin de la pandemia, cada vez más cerca: qué tiene que ocurrir para que la OMS lo declare



“La pandemia ha terminado”. Así de tajante se ha mostrado Joe Biden en una entrevista en la CBS este domingo. Una afirmación tan tajante del líder del país más poderoso del mundo y que más víctimas de la Covid acumula (más de un millón) no es algo baladí, más si se tiene en cuenta que el presidente de Estados Unidos se enorgullece de basar en la ciencia su mandato.

Sus declaraciones han llegado en la misma semana en que Tedros Adhanom, director de la Organización Mundial de la Salud, aseguraba que el mundo “nunca ha estado más cerca del fin de la pandemia”, con la cifra más baja de fallecidos desde el inicio de la crisis. Aunque tanto Biden como Adhanom han matizado que se debe continuar luchando contra la Covid, la coincidencia en el tiempo de estas dos afirmaciones hace pensar que el broche final a la pandemia no está lejos.

Desde el final de la ola ómicron, que en Estados Unidos llegó hasta finales de abril impulsado por la variante BA.2, el país norteamericano vivió una nueva oleada de casos comparable a la que tuvo con Delta. Sin embargo, el número de muertes asociadas al SARS-CoV-2 se ha mantenido en una especie de meseta, siendo la primera vez en dos años y medio que la cifra (entre una y dos muertes diarias por millón de habitantes) se contiene a lo largo de los meses.

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A nivel global sucede algo parecido. La última ola, entre julio y agosto (invierno en el hemisferio sur), ha sido mayor que las previas a ómicron pero las muertes llevan más de cuatro meses manteniéndose en los niveles más bajos desde abril de 2020.

En España, la incidencia acumulada en mayores de 60 años a 14 días se sitúa alrededor de 130 casos por 100.000 habitantes, y hay menos de 2.500 ingresados con Covid en todo el país. Aunque ambas son cifras superiores a las semanas previas a la sexta ola, el dato de las UCI es el más bajo de toda la pandemia: solo 146 personas infectadas en cuidados intensivos.

En su último informe, el Ministerio de Sanidad hace notar, no obstante, que solo el 44,8% de los hospitalizados con Covid en camas de agudos lo han sido por la infección. En cambio, las cifras de muertes en nuestro país se mantienen inusualmente altas: unas 2.000 en agosto, alrededor de 1.000 en lo que llevamos de septiembre.

Mejor esperar al invierno

“Pensar en las cero muertes por Covid no es viable y tendremos que seguir conviviendo con cierto número de muertes”, valora Juan Antonio Sanz, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública y Gestión Sanitaria.

Lo mismo se puede decir, en teoría, del fin de la pandemia. Si una pandemia se da cuando hay transmisión comunitaria en varios continentes, está claro que su fin no está cerca. “Pero es cierto que, ahora mismo, su efecto no nos está afectando; como ciudadanos, no nos está cambiando la vida”.

Por ello Sanz no ve descabellado que la OMS haga un anuncio similar al de Biden en unos meses. Eso sí, mejor esperarse al invierno. “Si no hay ninguna sorpresa, es posible que decrete el fin de la pandemia”. Basándose en el invierno relativamente poco problemático que han tenido los países del hemisferio sur (a excepción de Australia, que ha vivido un pico de muertes similar al de la primera ola ómicron), ve factible que no haya que esperar al final de la estación y esperar a los primeros compases para levantar las pocas restricciones que aún quedan.

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“Dependerá de la evolución este próximo mes, con la llegada del otoño, la concentración de personas en sitios cerrados y demás”, explica este especialista en salud pública del hospital de Laredo, en Cantabria, que recuerda que una situación similar se vivió a finales del año pasado hasta que ómicron dio al traste con todo.

Llegado el caso, será posible, “si no decretar el fin de la pandemia, sí hacerlo con el uso de mascarillas en transporte público, farmacias o incluso hospitales“. Un anuncio similar al de Biden solo lo ve probable, de momento, “por motivos electorales”.

Y es que hay una pequeña cuestión conceptual. La OMS decretó una emergencia de salud pública de importancia internacional por la Covid-19 el 20 de enero de 2020. Se trata de una herramienta recogida en el reglamento sanitario internacional que busca llamar la atención a los países para que pongan en marcha mecanismos de control de una enfermedad. La última ha sido la de la viruela del mono este julio.

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Esto es algo muy diferente que decretar una pandemia. La OMS puede decretar el fin de esta emergencia, pero no el fin de la pandemia. Ya lo ha hecho otras veces: mantuvo una emergencia internacional por el ébola algo más de año y medio, entre agosto de 2014 y marzo de 2016. La que era su directora por aquel entonces, Margaret Chan, dijo al decretar su fin: “El riesgo de una extensión internacional [del ébola] se alejó”. Esto es difícil de aplicar a la Covid, a estas alturas nadie cree que se pueda limitar su expansión internacional.

Los países pueden notificar a la OMS eventos que puedan constituir emergencias internacionales de salud pública, pero los criterios para hacerlo no son cuantitativos. Tiene que cumplir al menos dos de los siguientes: que consideren que tiene una repercusión grave en la salud pública (por ejemplo, con la aparición de una nueva variante); que se trate de algo imprevisto; que exista un riesgo significativo de propagación internacional, o que haya un riesgo significativo de restricciones internacionales a los viajes o al comercio.

¿Cumple la Covid con estos criterios para seguir siendo una emergencia internacional de salud pública? Joe Biden ha dejado claro el punto de vista estadounidense y los países europeos probablemente se están planteando escenarios similares, pero ¿qué pasa con China? Todavía tiene restricciones para viajar y sigue imponiendo cuarentenas ante la sospecha de brotes: en agosto cerró una tienda de Ikea en Shanghái tras detectar que un contacto estrecho de un positivo por Covid había estado de compras en el local.

Por otro lado, el primer mundo puede puede tener la infección bajo control gracias a la vacunación, pero la cobertura es muy desigual alrededor del mundo. Asia, Sudamérica y la Unión Europea están por encima del 70%, pero en África apenas se ha superado el 20%. En Rusia casi la mitad de la población está sin vacunar, y en Ucrania la vacunación se paralizó tras la invasión: solo el 35% de los ucranianos había recibido las dos dosis de la pauta inicial.

Juan Antonio Sanz reconoce que el mundo se ha vuelto más prudente tras la llegada de ómicron. Una nueva variante puede dar al traste con la positiva evolución de los últimos meses. No obstante, ve posible un punto de inflexión simbólico en el inicio de 2023 para que la OMS y algunos gobiernos se sumen al mensaje de Joe Biden. “Habremos visto la evolución de la Covid en invierno y su combinación con la gripe”. De momento, habrá que cruzar los dedos.



Fuente: El Español

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