Don Gaspar Mena: lo que debemos agradecer al protector de los últimos chimpunes de Lolo, que hoy ha partido

[ad_1]

esperó 90 años para aprender a volar. A su edad lo sabía todo, lo había hecho casi todo: hijo responsable en su casa de La Unión, en Piura, fue futbolista amateur, dirigente sindical, se casó con Esperanza, tuvo 10 hijos y un día de 1953 se ganó el premio mayor de la lotería. Ese año, entusiasta hincha de Lolo Fernández, leyó en un diario que se sortearían los chimpunes con los que jugó su último partido -el clásico con Alianza-, compró tres boletos y fue bendecido. Nunca antes había ganado nada. 64 años después, con las únicas fuerzas que le quedan, aceptó viajar a Lima para mostrarle a los hinchas de esos botines, el mismo día en que Lolo hubiera cumplido 104 años. Fue el sábado 20 de mayo del 2017 en Hualcará, la tierra donde nació Lolo. Se trataba de un homenaje organizado para el ídolo de la U pero claro, también a él: casi 3 mil fanáticos viajaron en buses, autos, caravana. Casi el doble de los que viven en Hualcará, según datos de INEI. Yo fui con mi padre y mis hermanos, abrumados por el acontecimiento. El homenaje llevaba un nombre místico que le arrancó una sonrisa a don Gaspar, el día que apareció por la puerta de Salidas Nacionales del aeropuerto: La Ruta de Lolo. Algún día podré contar la extravagante aventura que fueron esos días, las conversaciones en Miraflores, las coordinaciones con Piura y Cañete, los hombres que estuvieron detrás del sueño minuto a minuto, gastando todo lo que tenían y cómo, durante más de un mes, no lavamos el carro donde se transportaron esos chimpunes, la joya más cara de esta realeza que también es

Cuando lo llamaron ni siquiera lo dudó. Era, posiblemente, la gran aventura de su vida.

–Alista mi mejor terno, Gaspita, le dijo a su hijo, antes de subirse al vuelo LA2309 en Piura.

Puso en una bolsita de franela los chimpunes, dobló sus pañuelos, los puso en la maleta y listo. De la mano de su esposa se sentó por primera vez en un avión para aprender volar. En Lima -él aún no lo sabía-, los organizadores de La Ruta de Lolo lo esperaban para nombrarlo Protector de la Memoria de su ídolo. Un título nobiliario para el futbolista que resume su pasado y su futuro: 23 años consecutivos jugando por la misma camiseta. Son las cosas que el fútbol produce, inexplicables y honestas.

Chimpunes de Lolo Fernández de 1953 y su dueño, Don Gaspar Mena. Ocurrió en Hualcará en 2017, después de una iniciativa de La Ruta de Lolo.

Chimpunes de Lolo Fernández de 1953 y su dueño, Don Gaspar Mena. Ocurrió en Hualcará en 2017, después de una iniciativa de La Ruta de Lolo.

Con esa elegancia y con su mayor tesoro, viajó don Gaspar. A los 90 años. Y así ha pasado el tiempo. Esta mañana un breve chat de WhatsApp me tumbó de la pena: don Gaspar Mena, el hombre de ojos azules y andar despacio al que abrazamos con cuidado de no romperlo, ha partido. En su viaje, el protector de los chimpunes del máximo referente de deja una enorme enseñanza: lo que uno quiere no debe dejarlo ir nunca jamás. Ni por todo el dinero del mundo. Ni aunque quiera arrancárselo con las fuerzas que ya no se tienen. Al menos una vez deberíamos hacer eso. Y así, irnos todos al cielo.

VIDEO RECOMENDADO:

Amor A La Camiseta
Se conocieron en la universidad y se enamoraron siguiendo a la selección. Desde entonces, final de la Copa América 2019, no se separaron más. Ese amor que nació entre ellos fue cómplice de su cariño por las camisetas de fútbol y hoy, los jóvenes ingenieros Miguel Montalvo y Steffi Roth se han convertido en los coleccionistas más grandes de los uniformes de la querida Blanquirroja. Más de 2000 piezas que conservan como un tesoro. Esta es su maravillosa historia.



[ad_2]

Fuente: El Comercio

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *